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Entradas

Diarios de Sylvia Plath, 1 de octubre de 1957

Me gustaría publicar una serie de entradas de los diarios de Sylvia Plath, que me parecen clave para entender un poco contra qué demonio s luchaba, estas voces interiores que la acechaban. Como escribe ella, intentaba no transmitirle nada a su marido Ted Hughes, por mucho que pensara que éste la apoyaba, en cierto modo pensaba que si no lo decía, sus miedos no existían. Les dejo el link para descargar el libro si les interesa: https://ar1lib.org/book/11245339/767ca3 Carta a un demonio:  Anoche tuve la sensación de haber estado leyendo a James sin el menor provecho, y el temor que me recorría el cuerpo alcanzó los niveles de una lucha encarnizada. Aunque estaba agotada no podía dormir, yacía con los nervios a flor de piel, oyendo los quejidos de mi voz interior: «¡Ah, no eres capaz de dar clases ni de hacer nada! ¡No eres capaz de escribir, ni de pensar!». Y seguía echada resistiendo a duras penas esa racha de negatividad, pensando que la voz era mía, parte de mí, y terminaría dominándo
Entradas recientes

John Lennon, el genio

  ¿Crees que eres un genio? Sí. Si es que hay algo que se pueda llamar así, yo soy uno de ellos. ¿Cuándo  te diste cuenta? Cuando tenía 12 años. Entonces me decía “debo ser un genio, pero nadie se ha dado cuenta”. O soy un genio o estoy loco. Si nadie me ha encerrado entonces debo ser un genio. Ser genio es una forma de locura. Yo no me volví genio cuando aparecieron Los Beatles. Yo he sido así toda mi vida. Ser genio es dolor. La creación es un resultado del dolor. Hay que ponerlo en algún lugar, y yo escribo canciones, ¿sabes?

Francesca Woodman (1958 - 1981)

  Cuando nacemos, lo hacemos con una cajita de joyas en las manos. En ella guardamos nuestras relaciones. Nuestra familia. Nuestros mejores amigos. Los grupos a los que pertenecemos. Y aunque esas cajitas pueden contener una inmensa cantidad de amor, también tienen un límite.  Algunas personas son como esas joyas  que te puedes poner a diario, pero con el tiempo pasan a ser joyas de esas que luces en las ocasiones especiales. Algunas veces, las joyas son nuestros padres, que nos susurran al oído lo que ellos creen que necesitamos oír cuando nos lanzamos a probar algo nuevo o algo peligroso. Hay joyas que nos hacen sentir bellos cuando nos vemos horribles. Hay joyas que llevaremos en nuestro dedo anular el resto de nuestra vida. Y luego están las joyas más preciosas, las que son más difíciles de llevar.  Son frágiles  y no van del todo bien con la ropa que nos ponemos, pero sabemos que siempre nos harán sentir especiales. George Lange -  “Portrait of a Reputation”

Poesía

Algunos dicen la palabra muere al ser dicha. Yo digo que empieza a vivir ese día. * A word is dead When it is said, Some say. I say it just Begins to live That day. Emily Dickinson - 1872
  Emily tenía todo un mundo entero en su cabeza, El cuerpo físico estaba anclado en una habitación, Pero su mente podía viajar. Y eso es algo que yo nunca tendré. Si al menos este encierro me satisficiera, pero no. Porque sé que hay más, porque tuve atisbos del mundo exterior, Y por mucho que me haya lastimado, lo anhelo, lo ansío, lo necesito. Porque pude salir de la cueva, y vi los verdaderos colores del afuera, Y una vez que lo sabes, no hay forma de deshacer aquel conocimiento.

La amas porque está muerta

Quería obtener el mundo, pero en cambio, solo obtuve este vacío. Si el mundo está lleno, yo no tengo más que su esqueleto hecho polvo., pero lo quiero todo, no más este dudoso temblor de labios, estas palabras acabadas que recelan de la noche, porque ya no pueden navegar. Quisiera dártelas, y que pudieras conservarlas en la quietud. Es sólo un nombre, es sólo un nombre, no se sabe a dónde ha estado, qué labios lo han pronunciado, y cuáles maldecido. No se sabe si aún está aquí, si puedes pronunciarlo a riesgo de que desaparezcas para siempre junto a él. Es un nombre que está solo.
  Lanzaré una fiesta en tu nombre, contra tu nombre…; el día que alcanzaste aquella puerta, mirándome de reojo antes de partir, lo supe. Lo vi en tu mirada, querías decirme: mírame, ahora me voy, ahora ya no estoy, y no puedes seguirme . Pero yo intenté seguirte, y el camino no fue moderado, no pude seguirte el rastro, ya no supe nada de ti, y esa fue mi culpa. Tendría que haberte dejado salir por esa puerta, tendría que haber seguido viendo la tele, aquel estúpido programa de los sobrevivientes en la isla que pasaban a las seis de la tarde, por el National Geographic. Pero es que me miraste de aquella forma, querías que te siguiera, querías que te persiguiera, querías que siguiera pensando en ti por más que tú ya no pensabas en mí. Es la sombra de los muertos que continúa pesando sobres nuestras conciencias por más que los hayamos dejado atrás, física o figurativamente. No puedo hacer el amor con la ausencia, no puedo alimentarme de tu mano fantasmal cuando paseamos por la calle

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