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¿Qué quieres que te cuente, Tony?



Esto somos nosotros, tememos perdernos y encontrarnos cuando nuestros cuerpos estén arrugados y ya no queramos amar, tememos que la verdad no nos santifique, y que las noches beban el néctar de nuestros sueños, vaciándolos por completo.
Esto somos nosotros, dos amantes a destiempo que se buscaron cuando no estaban perdidos, y se encontraron cuando otros brazos suplían el silencio.
¿Crees que siempre seremos esto?, ¿qué me dices, Tony, todavía estamos a tiempo? He encontrado a alguien mejor que tú, un hombre que me recita el abecedario cuando no me apetece hablar, un hombre que no se asusta por los fantasmas hambrientos.
Tú apenas habías leído cuentos infantiles, que nada tenían que ver conmigo, pero te idealicé para que supieras ser mejor que mi imaginación. ¿Te acuerdas cuando soñamos con trinunfar en aquel concurso literario? Prometimos que lo haríamos juntos, yo tenía una historia en mente, tú dijiste que la escribirías pronto. Pero más pronta fue la ruptura. ¿Alguna vez te dije que yo terminé participando en el concurso? Cuando me tocó hacer la segunda etapa no pude volver, cada recoveco de la casa llevaba tus pisadas, las que se alejaron de mi tibieza.
Suelo idealizar a la gente porque temo descubrir que, en verdad, son más aburridos de lo que pienso. Nadie parece ir a la par mío, nadie parece ser la persona indicada.
Eso no es enteramente cierto. Mariquita lo era, era la luz que se escurría por entre las flores del zapallo, los ojos que observaban despertar por la mañana a la naturaleza, la salvia salvaje chorreando por los árboles, el pasto sudando rocío luego de una ardua noche. Pero yo era un ser demasiado oscuro para encajar en su vida, mi noche no la permitió abrirse a mí. Yo era el azote del viento que quebranta las ramas, el mar rabioso que se traga vidas, los ojos fugitivos y psicóticos del adicto yendo por su última dosis, los monstruos que trepan por las camas y se comen a los niños…, en fin, yo no era para ella.
Intenté volver al día para poder acercarme a Mariquita, intenté transmutar esta amargura en los ojos que diariamente me daban vida. Pero llegué tarde.
Parece que llegar tarde es ya una constante en mí.

Comentarios

  1. "Nadie parece ir a la par mío, nadie parece ser la persona indicada.
    Parece que llegar tarde es ya una constante en mí."
    Vaya perlas he leído... aun que suenan un poco a derrota (que a lo mejor me equivoco)... me siento muchas veces a la par que tu.
    Me ha encantado.
    Besos.

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