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Mostrando entradas de octubre, 2018

Aquí, escribiéndote de nuevo

Zayanara, te escribo
pero ya no sé si estas palabras pueden aportar claridad, si pudiera elegir te diría que hoy no me permito estar; tus ojos son demonios y los míos te abrazan hasta el cansancio. No le temo al silencio, así, en general, le temo a tu boca cerrada cuando la mirada se desvía hacia otros cuerpos que no son los míos, y estas manos que parpadean e intentan abarcar el espacio cerrado que ha quedado entre nosotras;
la conversación se vuelve tosca, pregunto respuestas que me estudié de antemano pero nunca coinciden con tus palabras. Ahora quisiera preguntarte sobre el universo, quisiera que me digas que mi nombre rodea tu órbita, pestañeando como un experimento casero que te atreverías a probar;
soy la luz intermitente que rodea el espacio alado entre dos voces, dos silencios que se encuentran con sus tiernos ropajes despojados, y su desnudez latente;
voy tartamudeando lentamente tus vocablos, me voy quedando sola, sola, sola, y me vacío cuando termina nuestro encuentro si…

Hay una historia en su voz, en la forma que dice adiós.

Tantas maneras de ser sabiendo. Pero él no era precisamente un sabiondo. No se distinguía por su brillantez; Su voz, ¡Oh, su voz! Era de otro mundo. Supongo que supuse que supusimos muchas cosas. Y aún así nos quedamos vacíos; Congelados, en verano. Temblando, en verano. ¿Quién lo hubiera pensado? Hay una historia en su voz, en la forma que dice adiós. Me deja queriendo saber más. Si estas palabras fueran como armas, Te defendería más allá del bien o el mal. No me importaría que hubieras pecado: Te defendería igual. Es que no me importa, ¿Lo entiendes? Yo pequé mucho en el pasado. Creo que seguiré pecando. Al fin y al cabo, soy solo humano. Prefiero que pequemos juntos, Así ya no tienes que llevar la carga tú solo. Compartamos la culpa, Repartamos la soledad. Lo cargo para que ellos no tengan que hacerlo. ¿Comprendes? Haz el intento Porque yo necesito que me comprendan.
Atreverme a quererte probablemente sea aventurarme en la noche más oscura.
Y no estoy preparada.
Porque las noches están llenas de silencios y reproches.

Haikus primaverales

El río y los cuerpos, baldosas esqueléticas humanas, sonrisas inhumanas que no contienen, envases repletos de nadería...,
el gran vacío que hace su aparición, y las tormentas octagonales  que dibujan sonrisas.
Hemos abierto la puerta de la supervivencia, hemos aparecido del otro lado bien muertos y bien felices. O quizá bien tristes pero menos muertos. No lo sé.

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