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Relatos sobre mi edificio I



A veces me avergüenzo de seguir viviendo en el mismo edificio con gente que aparentemente conoce mi pasado. No me conocen sólo saben las veces que la ambulancia fue a buscarme a casa, de esa vez que fui a la terraza con intención de saltar…, cómo me quedé unas horas mientras mi familia me buscaba desesperadamente sin imaginar siquiera que pudiera estar tan cerca de mi departamento, viendo las hormigas humanas que paseaban por debajo de mí, tan ajenas a mi realidad, a lo que estaba a punto de cometer. No recuerdo mucho de esa vez, sólo que me subí más alto donde había un tanque, con esas típicas escaleras verticales, cuando quise bajar temí caerme, en ese momento sí temí por mi vida porque yo no estaba en mis cabales, me encontraba empastillada y no coordinaba mis movimientos. Pensé que a pesar de querer irme a casa existía una posibilidad de que tropezara y muriera allí mismo. Pensé qué absurdo resultaría cuando había decidido finalmente vivir. No sé cómo logré llegar sana y salva a mi cama ni cómo pude sostenerme en pie, no sé qué pasó luego porque no lo recuerdo pero seguro mis vecinos vieron la ambulancia. “Oh, aquí viene otra vez la sirena. ¿Cuándo se terminará de ir realmente?”.
Me avergüenza pensar las veces que tuve que bajar hasta la calle a tomar un taxi agarrada del brazo de mi mamá, con el portero en la puerta vigilando todo lo que pasaba. “Agarrate y tratá de no decir nada”, me decía ella. Pero yo siempre tenía algo qué decir que me delataba.
Y cuando me encuentro con mis vecinos intento imaginarme esas veces que ellos supieron lo que estaba pasando, pienso en lo que habrán pensado. Pienso que no es justo que me hayan visto en momentos donde no estaba siendo yo misma, que conozcan mis dolores más íntimos y que tengan una voz propia para juzgarlos. 


Comentarios

  1. Nuestro final es inevitable. Ya llegará. Deja libre esa ambulancia que seguro alguien necesita.

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