Ir al contenido principal

Relatos sobre mi edificio I



A veces me avergüenzo de seguir viviendo en el mismo edificio con gente que aparentemente conoce mi pasado. No me conocen sólo saben las veces que la ambulancia fue a buscarme a casa, de esa vez que fui a la terraza con intención de saltar…, cómo me quedé unas horas mientras mi familia me buscaba desesperadamente sin imaginar siquiera que pudiera estar tan cerca de mi departamento, viendo las hormigas humanas que paseaban por debajo de mí, tan ajenas a mi realidad, a lo que estaba a punto de cometer. No recuerdo mucho de esa vez, sólo que me subí más alto donde había un tanque, con esas típicas escaleras verticales, cuando quise bajar temí caerme, en ese momento sí temí por mi vida porque yo no estaba en mis cabales, me encontraba empastillada y no coordinaba mis movimientos. Pensé que a pesar de querer irme a casa existía una posibilidad de que tropezara y muriera allí mismo. Pensé qué absurdo resultaría cuando había decidido finalmente vivir. No sé cómo logré llegar sana y salva a mi cama ni cómo pude sostenerme en pie, no sé qué pasó luego porque no lo recuerdo pero seguro mis vecinos vieron la ambulancia. “Oh, aquí viene otra vez la sirena. ¿Cuándo se terminará de ir realmente?”.
Me avergüenza pensar las veces que tuve que bajar hasta la calle a tomar un taxi agarrada del brazo de mi mamá, con el portero en la puerta vigilando todo lo que pasaba. “Agarrate y tratá de no decir nada”, me decía ella. Pero yo siempre tenía algo qué decir que me delataba.
Y cuando me encuentro con mis vecinos intento imaginarme esas veces que ellos supieron lo que estaba pasando, pienso en lo que habrán pensado. Pienso que no es justo que me hayan visto en momentos donde no estaba siendo yo misma, que conozcan mis dolores más íntimos y que tengan una voz propia para juzgarlos. 


Comentarios

  1. Nuestro final es inevitable. Ya llegará. Deja libre esa ambulancia que seguro alguien necesita.

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

We live in a rainbow of chaos

Entradas populares de este blog

Alejandra Pizarnik, ensayo

Ayer estuve en la radio "Industria Argentina" Hablando sobre Alejandra Pizarnik, lejos mi poetiza favorita. Les dejo a continuación el ensayo que escribí sobre ella.

Alejandra Pizarnik: Diarios
“Decir que me abandonaste sería muy injusto; pero que me abandonaron, y a veces me abandonaron terriblemente, es cierto”. Kafka

A través del recorrido por sus diarios que fueron publicados en el 2003, intentaré descubrir una faceta de la poeta, para poder entender mejor sus poemas y su modo de sufrir, que la persiguió durante toda su vida. Quiero invitar al lector, que a través de estas páginas, haga su propio descubrimiento. Claro que yo la estoy leyendo bajo mi punto de vista y mis circunstancias; cada uno desarrollará una propia versión de estos diarios. Podrán o no gustarles su trabajo pero para mí es imprescindible incluirla en estos esbozos de pensamientos puesto que Pizarnik fue una gran influencia para mí, y lo será siempre. Nunca morirá mientras la reviva, ya sea pensando en al…

Las dos caras de dos monedas

Tony, he de recordarte una sola cosa. Los trenes parten bien temprano por la mañana, desaparecen en una estela de vapor, tu boca los imitaba (tu, tum, tu, tu; tu, tum, tu, tu), yo te veía alejarte a la par, tus dedos maquinales, tus ojos rodantes, tus músculos de acero, eran como un gran monstruo asustado. Pero luego lostrenes regresan, nos llevan devuelta a casa. Tú nunca podrías ser un tren, porque nunca regresaste.
Mariquita, he de recordarte una cosa. Basaste tu personaje en el grandilocuente Dios, maestro de las flores y estudiante de la bondad. Dios rodea los centímetros de los tallos que crecen erguidos al sol, posa sus manoplas en la película transparente del océano para besar con sus labios salados la extensión total de la vida. Dios es el amor que depositan los carteros en los buzones, la sonrisa magistral con que recogen la correspondencia los diminutos seres, Dios controla el camino que une el sentido y la razón. Encontraste la forma de escabullir tu esqueleto en los int…

Piensa

Cuando me levanté de la mesa miré ligeramente hacia atrás; no por mucho tiempo, sólo un vistazo. Y luego miré a mi alrededor. ¿Quiénes de todas estas personas se sentarán en la mesa que acabo de dejar? ¿Cuál es su historia? ¿Por qué están acá? ¿Pasarán un buen rato o quizá se reúnan por una despedida? Ciertamente yo no la pasé muy bien. Esperé más de lo que podía darme. A fin de cuentas es un lugar. Los lugares no significan nada. Una mesa, una silla, una cerveza. El símbolo es la persona. Con quiénes estás, por qué están juntos, qué son las cosas que se dicen. Y yo recuerdo haberla imaginado conmigo.

Concursos