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La primera vez que me hice señorita



Extracto de mi libro "Escrache"

Quizás en algunas familias se festeja cuando te viene por primera vez, se ponen contentos sin embargo yo no tengo muy gratos recuerdos, de hecho, odié el día en que mi cuerpo dejó de ser niña. Odiaba mis bustos en desarrollo, el acné en la cara, la panza a medio estirar y por supuesto, haberme desarrollado.
Aquél día me sentía extraña en el colegio, con un terrible dolor de panza (Claro que aún no los identificaba como “ovarios”) y la frente me ardía de excitación. Seguí la jornada como de costumbre y al mediodía ya me encontraba en casa.
Largué la mochila al piso y corrí al baño; al bajarme la bombacha lancé un grito ahogado y me quedé dura durante unos instantes. La sangre impregnada en la tela lucía opacada ante aquéllos vívidos pensamientos que se entrecruzaban.
“¡Por Dios!” Solo pude decir.
La abuela que pasaba por casualidad me miró asustada y enseguida entendió la escena.
Dame la bombacha que la pongo para lavar” Me dijo, y se fue con ella.

La sensación de pesadumbres y la pelota en el estómago incrementaron furtivamente. Me senté en la cama aún con el impacto colgándome de la cara y esperé unos segundos. No sé qué esperaba. Quizás que alguien me dijera ¡Felicitaciones, ya sos mujer! O un ¡Tranquila, es normal!
Sin embargo no recibí nada por parte de mi abuela, solo una simple y ordinaria orden.
De fondo se alzó nuevamente su voz, quizás se había arrepentido y me diría algo, pero no “Se enfría la comida”. Alcanzó a decirme.
Ahora lo pienso y me pregunto ¿Qué le habrán dicho a ella la primera vez que se indispuso?, ¿Acaso alguien la contuvo y le explicó de qué se trataba? En mis días, en el colegio te enseñan, aunque muy poco pero algo es algo, sobre la educación sexual y la menstruación, pero no creo que cuando ella tuviera 12 años hubiera información suficiente para calmar las dudas e inquietudes de aún una niña. Porque ninguna de nosotras éramos mujeres.
Ahora solo recuerdo el sentimiento de vergüenza  y querer ocultarlo por sobre todas las cosas. ¿Por qué? No lo sé. Supongo que aún no estaba preparada para ser mujer.
¿Qué diablos significaba eso para una nena de 12 años? (¿Qué sigue significando con mis 26 años?)
Sentía que ahora mi entero cuerpo (no solo de apartes como los bustos) iba a ser deseado y yo tenía que prepararme.


Si quieren leer más del diario, AQUÍ lo estoy subiendo

Comentarios

Noelia ha dicho que…
El problema siempre estará lo oculto que se encuentra esto y la poca información que recibimos sobre ella creándonos así esa sensación de asco, vergüenza y cómo si ya sólo por el hecho de que te baje debemos ser algo más, cuando la realidad es que sólo sangre procedente de la matriz que naturalmente es evacuada por mujeres y hembras de ciertos animales, sin más ni menos. No significa que seas más o menos mujer que el día de antes cuándo no te venía, ni que tengas que esconderte porque es NATURAL como el respirar.
ardid ha dicho que…
Yo tampoco tengo muy buenos recuerdos de cuando me hice señorita ni de la transformación de mi cuerpo en uno que no entendía mucho ni me apetecía entender. Esa fase puede ser difícil por no estar preparada ante tantos cambios hormonales que ya no son sólo físicos. Sigue estando oculto como te dice Noelia, más información y más naturalidad es lo que se necesita. Un saludo!!
La Abstinencia me puede ha dicho que…
Noelia: Sí, exacto es totalmente natural. Ahora probablemente lo sea aún más. Cuando yo tenía 11 años era bastante más pudoroso el asunto. Y de hecho creo que ahora ya no se usa el hacerse mujer porque es claro que ser mujer no empieza con la indisposición. Pero antes equivalía a estar apto para procrear (antes, antes).
Ardid: Lo mismo me pasó. No era solo el hecho de menstruar. Era notar cómo iba cambiando mi cuerpo sin que yo me sintiera preparada. Quería detenerlo y por más que ocultara mi cuerpo con ropas más grandes, o en unas postura encorvada, eso no era posible. Fui notando cómo los chicos nos miraban de forma distinta y no quería eso, pero por el otro lado me entristecía pensar que no me miraran. Tampoco quería que entre mis amigas se generara una competencia por otro, esas típicas peleas tontas de adolescencia.

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