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La muerte sienta bien

-foto del tren Sarmiento-

Estaba pensando que probablemente la última persona que me importó, o que fue ideológicamente importante en mi cabeza, fue Mariquita; quizá porque me ayudó a descubrir lo mucho que llevo en mí sobre la naturaleza. Además me gustó porque me hizo gustarme a mí misma; me sentí una mejor persona a su alrededor. Cuando dejé de verla pensé que todo eso bueno que estaba sintiendo se iría con ella, pero no, mi amor por la naturaleza sigue estando y es incluso más fuerte. Me siento suficiente con la naturaleza y me es imposible trasladar esta empatía hacia el ser humano. Reconozco que también hay una parte de mí que no quiere simpatizar con la gente. No quiero que me lastimen, no quiero esperar nada de ellos. Pero más miedo me da el pensamiento de que pudiera estar perdiéndome de conocer a increíble gente que podría hacerme muy feliz. Justo cuando uno cree que sufrió lo suficiente y que ya conoce todos los sufrimientos, aparece una persona que te hace sufrir de una forma que aún no conocías. Y no quiero que llegue esa persona. A veces también pienso que puedo ser increíblemente feliz estando sola pero, en ciertos momentos donde vivo cosas increíbles, desearía estar compartiéndolos con alguien más. La única gente que logra nutrirme ahora y que quisiera conocer son escritores o personajes que murieron hace mucho tiempo. Y quizá no me asustan ni duelen porque precisamente están muertos. La muerte les sienta bien.

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