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Fui pájaro


Londres
París
Bruselas

Amsterdam


Fui pájaro y fui buitre. Qué nobleza. Qué entereza. Qué agilidad. Ojalá aún pudiera conservar las alas, y escapar cuando las cosas se ponen feas.
Fui rareza. Y a veces evité algunas miradas. Pero también me sorprendí a mí misma enamorándome de algunos rostros,
                              algunos ojos,
                                                   algunas vestimentas,
                                                                                     algunas arquitecturas,
                                                                                                                        algunas historias antiquísimas que no he podido yo presenciar.
Me enamoré de lo ajeno pero fui fértil en aquella sociedad secreta de lenguas extrañas e imposibles de digerir. No entendía lo que decían, mas era tan bello que el lenguaje ya no dolía.
Y escuchaba un canto detrás de alguna oración, que no cabía en mí tanta felicidad. Quizá me estuvieran preguntando qué deseaba desayunar pero yo sólo escuchaba una voz y una melodía detrás, y sonreía como si me declararan su amor eterno. Sí, acepto, respondía en una castellano intraducible y ellos también sonreían.
Y ahora pienso que quisiera volver a perderme en ciudades ancestrales, con idiomas intraducibles, y podría ser tan fácil sin la necesidad de comunicarme porque el cuerpo habla, y danza cuando el corazón es alma, y el alma es corazón. Quisiera llenarme de alma este corazón, recuerdo haber pensado.
Me hallé cómoda leyendo mapas y calles, caminando por ellas como si hubiese nacido allí mismo. Sentí que mi cápsula de identidad pertenecía a algún sentido superior. Quizá sea sólo un viajero, y quizá yo pertenezca a lo desconocido, a lo impronunciable, a lo intraducible, en fin a todo ello. Sacrificaría el resto de los meses para poder vivir un sólo mes de aquel modo.

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