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Si supiera llorar lo estaría haciendo en este mismo momento porque de verdad siento una tristeza que no cabe en mí. Pero no, lo único que desprendo de mi cuerpo inerte son palabras infinitamente rotas. Pienso que quizá si las expulso podré volver a ser algo completo. Querida, la herencia es tan pesada, tan violenta, que a veces creo que no podré escapar de ella. Mas esta violencia no procede de mis antepasados, viene de mí, de este mismo envase vacío que alguna vez se supo muerto. Bastaba un simple acto para materializar la muerte, y hasta en ello fallé. Hoy pienso que no me hubiese gustado fallar. Es que no soporto tener que volver a cargar con la angustia, y ahora estoy muy cansada como para simplificarla y despreocuparme. Sé que la vida también es felicidad, pero nadie entiende que toda la felicidad del mundo no se compara con el dolor de una simple angustia. Una sola te aniquila. En cambio nadie ha muerto hasta ahora de felicidad.
Es un circuito vicioso, una vez que te has puesto triste es difícil salir de él, porque un momento o recuerdo triste fácilmente sucede al otro y así hasta que ya no recordás por qué estabas triste en principio. Esta sea quizás la definición más apropiada para la depresión. Y lo que la gente tampoco entiende es que salir de ella no es un tema de fortaleza mental. Es algo que va más allá. Tampoco nada tiene que ver con ser inteligente. Estar deprimido no significa ser débil. Al contrario, hay que hacer un gran esfuerzo para no morir. Y esa fuerza que puja desde tu interior es la fortaleza más bella e íntegra que he visto en la vida. Es como un instinto ancestral, como las raíces de un árbol expandiéndose debajo de la tierra en búsqueda del agua. Metafóricamente hablando tu mente está dividida en raíces y cada una de ellas se arrastra hacia la luz, esperando poder absorber un día más de vida. Pero tu alimento no es el oxígeno o el agua, sino motivos insignificantes y pequeños, como poder escuchar esa canción de vuelta, o llegar a ver a tu banda favorita. Y es terriblemente difícil conseguirlo cuando de noche oscurece y sentís cómo el frío va rodeándote, y el vacío va chupando tu salvia. Te vas secando hasta desaparecer.



Ahora imagínate en una habitación sin ventanas, la única puerta está cerrada con llaves y a tu lado tenes una vela pero está apagada. Sentís que el poco aire que circula va viciándose, y que cada bocanada es un segundo menos de vida. Si al menos pudieras ver qué hay a tu alrededor. Tanteas el suelo con tus manos pero no lográs distinguir nada. Cualquiera se sentiría desesperado, impotente y terriblemente asustado. Bueno, así es la depresión. Sabes que hay una salida sólo que no podes encontrarla. Volviendo a la situación anterior, ¿Cómo escaparías de la habitación? Bueno, por empezar rebuscando en la habitación podrías encontrar una pila y virulana. Frotándolas conseguirías hacer fuego para encender la vela. Con la luz, te darías cuenta que la puerta sólo tenía una traba. Y escaparías. Pero no es tan fácil cuando estás en una situación bajo presión, y eso es precisamente la depresión.  

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