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Cuando te tengo de frente intento no mirarte porque lo sabrías, te darías cuenta; y hoy te observaba de perfil y me pareciste más hermosa que nunca. Tus manos huesudas y delgadas, las venas que se traslucían, tu cuello… ¿Crees que es posible enamorarse de un cuello?
Grácil, esbelto, que conduce infinitamente hacia esa mente bella que tenes, conduciendo hacia las ideas que a veces me mantienen despierta de noche. Aunque esto último no es verdad. Yo de noche duermo. Son las tardes las que dedico al pensamiento, las que fructifican en algunas líneas o párrafos. Es esta misma tarde la que te pienso, cuando sé que no debería. Pero pensarte no te daña porque precisamente no lo sabes, y porque espero que las cartas de tarot no aúllen mi nombre.
En un espacio verde y rectangular, te corro por entre los árboles. No sé dónde estás pero voy hacia el sonido de tu voz. No sé qué está diciendo, probablemente no me esté hablando. Probablemente no sea yo la dueña de sus gemidos. Mas intento alcanzarla. En algún lugar, en medio de la salvedad y el lamento, espero poder decirte algo.

Todo lo que siento en este momento es cariño, no mucho más que eso. Te agradezco por ser cómo sos. Y espero que encuentres a alguien que te haga sonreír, y que sientas que es la persona que te mereces. Espero que ell@ te valore; que conozca tus tiempos y te respete, que sea capaz de sacrificar algo por vos, no una gran cosa, sólo algo. Y que vos puedas verlo y lo aprecies. Espero que no te lastime, y que si algún día te tenga que dejar, sea capaz de mirarte directo a los ojos y decírtelo. Porque con el tiempo uno aprende que la honestidad es uno de los valores más sagrados, a pesar de que esté infravalorada.  

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