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El vacío


El vacío

Los sentimientos se vuelven palabras;
Las palabras, letras.
Las letras, números.
Pero ninguno en llanto.
Nunca culminan en lágrimas.
¿Deberé dejar de escribir lo que siento y comenzar a sentir lo que siento?
Ese modo tan mío de sistematizar y clasificar mis sentimientos.
Me convertí en un papelerío de historias clínicas.
Un caso a tratar, a estudiar.
Ella es,
ella piensa,
cree que,
supongamos,
tal vez.
Las posibilidades son ínfimas,
de volver a sentir sin ese modo tan mío de separarlo en capítulos,
                                                                                                                       párrafos,
                                                                                                                                        oraciones.
Son solo letras.
¡Dios mío!
Y al final del día,
cuando apagás la luz del comedor,
y cerrás la persiana,
las palabras no son las que sienten.
Son tus párpados
-tan cansados, tan autómatas-
            Ese modo tan mío de sistematizar y clasificar mis sentimientos.

Al final del día,
cuando el público se haya levantado luego de aplaudir,
-ese modo tan mío-
y te encontrarás sola,
con el aire lleno de humo y moho,
sugiriendo la última ronda de monólogos,
desordenados, inexplicables.
-ese modo tan mío-
Tristemente pensándote enjaulada,
queriendo escapar.
Te resulta irónico,
alguna vez,
haber estado en el zoológico, aplaudiendo y riendo:
Y el señor no hizo sus gracias.
Ahora estás del otro lado del mostrador, junto a los animales.
¡Qué chica la jaula! Les decís.
¿Les pagan por día o por mes? Y ellos te miran, se ríen.
¿Qué decís, mujer? No sabía que te pagaban por caminar, bostezar
–Ahhh, les encanta cuando bostezo y muestro mis dientes-,
por hacer popo. En fin, por existir.
Vos ya no aplaudís.
No te hace gracia que tu preciado público te haya transformado en el hazmerreír, en un experimento.
¿Te vas a rendir ahora que lo entendiste todo?
-ese modo tan mío-
Ese escenario no es un teatro;
Vos no sos una actriz.
Tu dolor no es un monólogo.
Las cicatrices son reales.
Y si pudieras llorar, también te diría lo mismo.
Tu vida –la viste pasar entera, frente a tus ojos y no resultó un atractivo.
Pero para ellos sí.

Ese modo tan mío de sistematizar y clasificar mis sentimientos.

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