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Mostrando entradas de abril, 2017

Me hiciste ver débil

¿Sabés? Odié decirte que me gustabas porque me hiciste ver débil y yo estaba intentando ser fuerte. Pero lo supe desde que te conocí y me miraste con esos ojos... tenías esa mirada.
No sé por qué escribo sobre vos. Lo único que me sucede es que cuando te pienso no sos Mariquita, sos  tan sólo otra decepción más en mi vida.
No tenés rostro, no tenés nombre. Sos N/N.
Ni siquiera sos tristeza o enojo.
Estás por debajo de los sentimientos.
Y en mi pensamiento sólo sos un punto de olvido y rechazo.
Espero no haberte servido para inflar tu ego. Porque acaso yo no seré persona ni sentido. Soy la razón que habla cuando las voces callan.
Por mucho que desee que esas voces estén sólo en mi cabeza, son reales.
Y el escenario se transforma en un triste telón de fondo. Yo era la actriz principal y salí huyendo.

Sé que te dije que eras un ser de luz pero Mariquita, ¡Vos fuiste mi oscuridad! 
Cuando intento recordarte vuelvo irremediablemente a las columnas de humo, a todo aquello que no hubiera querido decir…

La final

Segunda final, qué ganas de morir. Qué ganas de de estar sin realmente estar.           Disturbios. Gritos. El mundo no es mío, no es de nadie, es de la muerte. Gritame    un gol, grítame un adiós. La puta que lo parió. Pero el insulto no es un consuelo,              muy lejos de acercarse al alivio si no se tiene la mente bien fría; el alma sigue con sed y la canción rasguea Mick Jagger como si el mismo Dios fuese a hacerme sentir mejor. Hace frío en Buenos Aires, con la caída de la tarde y la bendita tv apagada. Se    respira la mala sangre. Me piden que mate a mis ídolos. Uno por uno. Disparo             bolitas de cartón; el dolor no le llega más que a mi corazón. No sé por qué;              querés seguir esta represión. Y si mañana no llegamos, sacáte (secáte) los ojos y andá a laburar.     Entre unos mates –qué inmaduro todo este asunto-, me despabilo y los primeros          balbuceos matinales parecen escupir chispas. La vista desde la ventana que da a   un cuarto piso, so…

La foto

Hay una foto me hace acordar a una persona a la cual tuve que dejar ir. Es una persona real, abrazando a un fantasma, un atisbo de lo que fue aquella otra persona. Lleva sus mismos rasgos, pero ya no es él, y ya nunca más son ellos, en conjunto.  Nunca entendí qué diablos significaba dejar ir a una persona hasta que me tocó vivirlo. Es soltarla porque tu misma presencia puede lastimarla; es también dejarse ir auno mismopara que el dolor pueda tomar su duelo y así el tiempo genera más libertad a tus propios sentimientos.
Es difícil hacerlo. Siempre está la duda: ¿Y qué pasaría si me quedo...? ¿Qué pasaría si le dijera tal cosa...?
Son incógnitas que pocas veces tienen realmente importancia.
Fingir la locura hasta apropiarse de ella, ¿Por qué se la fingiría?
Para esquivar el dolor.
Se llega a un grado de disociación.
Deterioro del tiempo, del alma.
El encierro es la locura en toda su extensión.
Rota. Actuando. Siendo todos los personajes de todos los cuentos menos uno mismo. Alejada en un sitio …