lunes, 20 de marzo de 2017

Querido mundo






Llueve. Siempre estoy a oscuras en mi habitación pero hoy decidido levantar la persiana para poder observar la lluvia. Quisiera hacerle honor y acompañarla con mi llanto pero yo no soy como el resto de la gente que cuando siente angustia llora. Dentro de mí pura piedra, que siente el mundo entero pero nunca se libera. Me voy resquebrajando, aberturas que permiten que la luz artificial de este mundo secuestrado se cuele por entre el dolor. Estoy petrificada, sin embargo siento tanto… si ellos lo supieran y, en lugar de devolverme una sonrisa, me instaran a llorar. Pero ellos sólo sienten lástima, incluso aversión.
Querido mundo, que a veces exige de mí más de lo que puedo dar, hoy no soy persona, no soy mujer, no soy feminista, no soy pacifista, no soy humilde… soy un monstruo. Pero quiero que sepan que los monstruos también duelen y necesitan ser amados. No me teman, no asustaré a sus niños por las noches ni les robaré de sus carteras. Soy vacío. Inmundicia de ser nada, de saberme rota. ¿Quién se atreverá a recomponer los pedazos de alguien, o algo, que en su momento supo ser persona digna y apreciable?
No sé construir espacios sanos que no estén teñidos por mi locura.

Estamos en un mundo capitalista feliz donde la gente quiere leer historias con finales felices; están llenos de esperanza. La posguerra se acabó. Por eso quizá ya no pertenezca a esta sociedad. Yo no tengo libros de auto-superación, ni cómo volverse millonario en una semana, ni como adelgazar y lucir perfecta. Yo no tengo voz, lo que les habla ahora es mi dolor y no sé si tendrá espacio en este modelo de un mundo feliz. Pero les hablo de la resistencia; resistan ante todo aquella superficial forma de vida que nos han obligado a adoptar. No busquen pertenencias materiales, ¡Búsquense a ustedes mismos! Todo ello que duele y prefieren descargarlo en lo superfluo. Resistan y nunca dejen de buscarse a sí mismos. Sé por experiencia propia que este camino es más duro pero al fin y al cabo, antes de convertirnos en puro huesos y carne putrefacta, antes de pasar a esa otra vida, que es la muerte, y la cual desconocemos, sigan buscándose.
En la posteridad, la gente no nos recordará por nuestros bienes materiales sino por la tendencia que marcamos, por dejar de lado lo que nosotros llamamos presente. Salvo que no les importe ser recordados y prefieran ser seres humanos acumulativos de la vacuidad, del sin-sentido. Si esto es así, pues olvídenlo.
Al fin y al cabo, soy una loca, ¿No? Una fracasada. Una inconformista. No me importan lo que digan, yo sé que voy más allá de la palabra; la traspaso hasta vaciarla y convertirme en hechos: en trascendencia. 

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