martes, 7 de febrero de 2017

Es su momento eras bella, un tipo de belleza frágil que dolía. Llorabas de a ratos. Te recuerdo así, frágil y en llanto; dorada y abriéndose como una flor. Ahora te abriste por completo, ya sos una mujer adulta aunque no sepamos qué diablos signifique eso. Abierta e inalcanzable. Así será mi nuevo recuerdo. Bella pero insulsa. Porque cuando ahora te miro no dejo de preguntarme a dónde se fue aquella imagen que tan bien se conservaba. No digo que hayas perdido la pureza; o quizá el llanto te hacía ver más dulce –más débil. Quizá no quise creer que algún día crecerías y llevarías la cáscara de mujer adulta que la sociedad nos impone.

Quizá tampoco quiera creer que todos crecemos y la mayoría cambian, excepto yo. Creo que si hoy me vieras me reconocerías al instante. Mi cuerpo envejece, así es la ley de la naturaleza, pero existe algo en mí que se niega a ser adulto. Una Peter Pana eterna. Hoy me pareció ver a una compañera nuestra de ese entonces. Qué coincidencia, ¿Verdad? Compartimos colectivo. No quise mirarla mucho pero tenía un hijo. ¿Estamos hablando de la misma persona? ¿Cómo puede ser que ella haya crecido tanto? ¿Cómo puede ser que seamos los mismos que diez años atrás? 

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