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El cuerpo

Mi cuerpo, ¡Mi preciado cuerpo que se dice femenino! Mis modales, ¡Mis preciados modales que muchas veces se dicen masculinos!
Y aquella identidad que aún se sigue buscando,
Que no sabe distinguir entre macho o hembra. Que no le importa. Que trasciende el género.
¿A quién deberé hacerle caso? ¿A un órgano biológico, al corazón o a la mente? ¿Quién tiene la razón? ¡Díganmelo!
Mi cuerpo, les cuento, en algún momento supo ser grácil, delgado y llamativo. Ahora se asemeja a una bolsa de papas podridas. Pero no es la edad lo que inquieta; es el adentro. Aquella alma, desalmada, terriblemente desarmada,  lo atormenta. Tiene sus motivos. Este es un monólogo que le grabó el cuerpo la semana pasada.

Que sí, que no, que ¿A dónde vas con tanto apuro? Que recién llegaste y, ¿Ya te estás yendo? Que me gustás pero tu imperfección me da asco. Que sos humano pero mujer y por ende, me pertenecés. Que el macho soy yo, que la izquierda te delata pero la derecha te reclama. Que arriba ya no hay lugar, que vení que yo te protejo, que tu abuela te espera arriba pero yo te quiero adentro. Que no, que adentro no es perfecto pero al menos es algo. Y si no sabes quién sos, entonces ¿Para qué viniste? Que el histeriqueo me vuelve loco pero lo necesito, así me creo yo que soy alguien. Que seré gordo pero me dicen hermoso, me lo repiten todo el tiempo, ¿Cómo no creerlo? Que respiro, que vivo, que estoy acá, ni abajo ni arriba: acá. Pero tengo miedo, mucho miedo porque por dentro me siento solo y me desprecio. Que no me pongas esa cara, te estoy pidiendo ayuda, que no te reías: estoy en una situación apretada. Que yo también te quiero y te agradezco por estar conmigo aunque cuando estamos con otros te menosprecie. Es un acting, lo hago por la apariencia. Y ya sé, perdoname".

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