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Mostrando entradas de noviembre, 2016

El cuerpo

Mi cuerpo, ¡Mi preciado cuerpo que se dice femenino! Mis modales, ¡Mis preciados modales que muchas veces se dicen masculinos! Y aquella identidad que aún se sigue buscando, Que no sabe distinguir entre macho o hembra. Que no le importa. Que trasciende el género. ¿A quién deberé hacerle caso? ¿A un órgano biológico, al corazón o a la mente? ¿Quién tiene la razón? ¡Díganmelo! Mi cuerpo, les cuento, en algún momento supo ser grácil, delgado y llamativo. Ahora se asemeja a una bolsa de papas podridas. Pero no es la edad lo que inquieta; es el adentro. Aquella alma, desalmada, terriblemente desarmada,  lo atormenta. Tiene sus motivos. Este es un monólogo que le grabó el cuerpo la semana pasada.
Que sí, que no, que ¿A dónde vas con tanto apuro? Que recién llegaste y, ¿Ya te estás yendo? Que me gustás pero tu imperfección me da asco. Que sos humano pero mujer y por ende, me pertenecés. Que el macho soy yo, que la izquierda te delata pero la derecha te reclama. Que arriba ya no hay lugar, que …
Somos pocos y estamos dolidos.
Muchos fueron los que nos han abandonado en el camino.
Pero la cantidad es efímera. Siempre hablan de ella cuando lo que realmente importa es
quiénes somos en el medio de tanta definición estricta; quiénes debemos empezar a ser cuando
el discurso se agota; cuando se baja el telón y de fondo quedás vos.
Vos, con tu orgullo herido,
con tu soledad flamante.
Con aquella máscara que te he visto usar tantas veces.
Los ojos pardos caídos pero detrás de todo ello, tu mirada. Más apagada o más viva, seguís siendo vos.

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