sábado, 8 de agosto de 2015

Oh God



Gracias a Dios por darme todas esas cosas para pensar que apenas conozco.

Si el ser humano no supiera que existen demasiadas cosas que desconocemos, ¿Dónde estaría el motor para seguir buscando? Aquella falta insaciable, el vacío inescrutable de los universos perdidos y los pensamientos psicóticos. 
La famosa frase Solo sé que no sé nada, últimamente parece recaer sobre todo lo que me rodea, todo lo que soy y no soy. Porque en serio, ¿Qué es lo que sé? Si quisiera examinar el mundo exterior, primero debería empezar por el interior y a veces es tan infinito e inacabable. Soy un libro sin final, sin coherencia. Y pensar que el final definitivo será mi muerte, me aterra. 

Solo la ficción tiene finales. Lo real, nunca. Sin ir muy lejos, las emociones cambian drásticamente apenas permitiéndote hacer una revisión extensa de ellas. 

¿Qué es lo real? ¿Cómo sé que no es otra invención de mi cabeza? O quizá fuera un evento psicótico de un conjunto de personas que creen que el cielo es azul. Quizá no lo es. Quizá ni exista el cielo.

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