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Go sadness, go.

Hoy tenía muchísimas ganas de escribir lo increíble y raro que fue mi día de ayer pero algo pasó en el medio. Unas palabras cruzadas con una persona; una tristeza que vagabundeaba por mi cabeza y se apoderó de mis pensamientos. Un dolor que renació de las cenizas: el dolor de aceptar y ser feliz; de intentar conservar la felicidad sin que se escape de mis dedos como si fuera arena. Me siento privada de hablar. Mi único recurso es escribir y escribir.
Ella no me deja en paz; hoy la soledad está picante; busca algún punto débil para incrustar el aguijón y derrotarme; 
Cansada, derrotada, dejo que la tristeza vaya ablandando mi cuerpo como si fuera plástico derritiéndose.
Me pidieron que fuera feliz, ahora me cortan las alas. Y quiero volar pero no me dejan. Este encierro mental es tóxico. Porque todo es un juego psicológico. 
Te dicen que seas feliz, que vivas la vida y cuando lo haces, aparecen los reproches. 
Quizá nada de lo que haga pueda satisfacerlos. Nada en este mundo. Es como si tuviera que consultarles cada paso que por mi propia mano, decido tomar.
Pero sé que hay un lugar donde me puedo sentir como en casa, como si fuera mi hogar. Deberé seguir buscando.





-¿Qué hiciste esta vez? - Nada, elegí ser feliz. ¿Por qué me miras como decepcionada? -Es porque no me lo consultaste. - ...


Me compré un pasaje al ayer para comparar cuánta infelicidad podía cargar mi pequeño corazón. Hoy ya se hizo más grande, más fuerte. 
Morir en la cima, morir en paz. No morir. Elegir vivir. Elegir cada día, ser un poquito más feliz.
¡Cuántas elecciones he dejado de lado! ¡Cuántas elecciones preferí que la tristeza tomara!
¿Elecciones presidenciales? ¡Por favor, más elecciones positivas de vida! Conceptos filosóficos, profundos sobre el vivir austeramente, brindar más amor y recibir lo que corresponde.
Y si paso de largo o me cruzo de cuadra, es porque quiero que el día que me veas, esté sonriente y radiante. Quiero que me veas ser feliz, genuinamente y realmente feliz. Lo más cercano a la felicidad.
Quiero que mi rostro exprese muchas arrugas, todas aquellas cicatrices que me gané por haber luchado y vencido las adversidades de la vida.
Quiero que las veas y te sientas orgullosa de mí. 
No estoy intentando huir. Dije que me quedaría, así que si también tú te atreves a quedarte e intentar armar una nueva historia, una mejor versión, te reto a que tomes mi mano y no la dejes ir.
Te reto a que me ames, lentamente, sin apuros, con muchas sonrisas vergonzosas y cosquillas en el estómago como mariposas revoloteando en tu interior.

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