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Un adiós momentáneo


Recordar una sonrisa, translúcida y genuina, mirándote a través de aquellos ojos empañados.
Agacho la cabeza avergonzada, apenas con rubor cubriendo mis mejillas y me pregunto si estuvo llorando. Sus ojos tienen el brillo del que nunca se puede dilucidar si es de emoción o tristeza; pero sí creo que son hermosos y aunque sea por un segundo, se posaron en mí.
Tuve el privilegio, la gracia del mundo, de que me miraran, a este simple mortal que vaga por las calles sin rumbo. Descorrió las cortinas del pasado, de la insensatez y del olvido y me miró.
Ese momento fue mágico; tomé una fotografía mental para no olvidarlo nunca porque nunca se sabe cuándo podré volver a cruzarme con aquella extraña.
Se acaban las páginas de este cuaderno y no hay mucho más qué decir. Quedarán los recuerdos, algunos con sabor amargo y otros que se derriten como la miel en mi boca. Quedará el después que ocupará el lugar de un nuevo cuaderno.

Cerraré estas hojas y las sellaré con un adiós momentáneo; sé que nos volveremos a ver. Y ahora me estoy hablando a mí; sí, me volveré a ver y a encontrar en alguna página distraída y confusa y sonreiré porque ahí, en cada palabra deshecha o intentando cobrar coherencia, estaré yo.

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