sábado, 11 de octubre de 2014

Di algo...






















Te reto a que me digas algo. Te reto a que te despidas de mí porque cuando tuve la chance no supe llegar a ti. Y no hay un sólo día que no lo lamente. 
Uno cree que los años traen sabiduría y aprendizaje. ¿Qué si nunca logré aprender a amar? ¿Qué si continúo siendo aquella niña asustadiza que huye de todo lo que le hace bien?
Hace 11 días fue mi cumpleaños y todavía no siento nada. ¿Qué se supone que debería sentir? Estoy creciendo, lo sé, pero por dentro me siento a veces tan vacía y carente de palabras. Para una escritora, no tener palabras es como si le quitaran la respiración. 

Poco puedo hablar o decir. 
Alguien me dijo "Decíle a la depresión que te deje ir" y yo le respondí: "Viene y se va. Hoy decidió quedarse". No es como si pudiera manejarlo todo el tiempo. 
A veces puedo levantarme, erguir mi orgullo y seguir adelante pero no todos los días son así.
Ayer me sentí terriblemente miserable y parece que el sábado le está pagando factura a todo lo que dejé guardado en mi interior. Debí haberlo escupido todo, o gritarlo lo más fuerte que mis pulmones podían pero me quebré. Me agarré la cabeza llorando: "L. es esto, L. es lo otro... pero nunca nada está bien".
Y la gente que a penas me conoce o me conoció en aquellas épocas donde no era yo realmente, continúa hablando de mí y juzgándome. No debería dejar que entren en mi vida y me afecten pero lo hacen. Maldita sea, lo siguen haciendo y yo los dejo. 
Me juzgan por mis errores pasados y me juzgan por lo que soy o dejé de ser. ¿Qué saben qué soy? Las personas vivimos en un constante cambio. Aprendí que de ciertos errores no se puede escapar pero aquí estoy y los afronto. Día a día cuando me levanto y me miro al espejo. Cuando me visto y veo las marcas. Cuando saludo a mi mamá para tomar unos mates.
La comprensión es tan efímera y delicada. No todas las personas están aptas o capacitadas para entender o al menos tener la delicadeza de cerrar su puta boca si no saben de lo que están hablando.
¿Por qué mis elecciones deberían importarle a ellos? Es mi vida y hago lo que quiero (¡Díganselo a esa voz interna tan odiosa!).
Bueno, a veces sólo hago lo que puedo. 
Sé  que soy buena en algunas cosas y en otras lo intento. Sé que amar es también perdonarse a sí mismo. Sé que perderte fue uno de las peores decisiones. Pero no fue mi decisión. En una pareja, las decisiones se toman de a dos. ¿Cuándo pude yo elegir esto? 
Mi cabeza es como una calesita, da vueltas y vueltas; se enrosca en complicados pensamientos para realmente no pensar en nada. Quedo nula, parada frente a un paredón sin salida, mirando hacia el cielo esperando que me traiga una buena.
Es que... en el momento en que te ven débil, ya lo sos, ¿No? Carne de neón. 
Y esa otra persona que me dijo que era tan sensible y no soportaba que yo me enojara con ella. Tuve que perdonarla porque me odiaría por odiarla. Pero ¿Cuándo YO tengo el derecho de enojarme? ¿De mostrar que también tengo sentimientos y sufro aunque ponga esa cara de póker todo el tiempo? ¿CUÁNDO YO ALGUNA VEZ PUDE SER YO MISMA FRENTE A UN OTRO?
Y cuando así fue, lo arruiné.
No lamento que te hayas ido. Quizá debería odiarte, culparte, olvidarte pero en cambio todo eso se torna contra mí. Yo me odio, yo me culpo, yo no logro olvidarlo. 
A veces las personas piensan que "poner tu corazón en la mano del otro cuando amás" es una metáfora. Para mí fue literal. Puse mi todo en vos. Y cuando te fuiste, ese todo quedó echo trizas. 
Ahora intento reparar el jarrón roto que es este corazón desaliñado y lastimoso.
Pero no quiero dar pena. No necesito que me miren de ese modo.
Sólo quiero un abrazo, una palabra sincera, una preocupación de verdad... ¿Es mucho pedir eso? 
Siempre con tanto miedo a que nos lastimen, siempre con tanto miedo a ser reales que nos volvemos otra persona. 
Despierta. Mañana es mejor. Mañana pasará. Mañana... y ¿Mientras tanto, hoy, qué hago?


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