jueves, 9 de mayo de 2013

Conversaciones conmigo misma







- ¿De verdad vas a hacerlo?
- ¿Qué otra opción me queda?
- No lo sé, ¿Hablar? Siempre es bueno.
- Te estoy hablando ahora.
- No, me estás diciendo lo que vas a hacer, de lo que no estoy de acuerdo.
- Bueno, de acuerdo. No lo haré. Me quedaré sentada aquí, mirando películas contigo mientras el tiempo pasa y sigo sentada como una estúpida.
- Me parece un plan perfecto.
- Me dijo que todo estaba igual que antes… Y… no lo sé. Prometí que la próxima vez le diría que no me hablara porque me lastimaba pero no pude hacerlo porque… una parte de mí sigue anhelando aquel amor platónico.
- Ahora sí estás hablando en lugar de engullirte las palabras.
- No me juzgues. Cada uno hace lo que puede.
- ¿Y qué más quisieras poder decirle?
- Que lo extraño, que me dé una segunda oportunidad.
- ¿Crees que es realista eso que pedís?
- ¡Claro que no! Él sale con otra… y yo no sé qué lugar ocupo en su cabeza ahora. Quizás sea el relleno de una torta, un extra en una película y la incertidumbre me mata.
- ¿Por qué no se lo preguntas?
- No puedo, no quiero. Mi orgullo está primero. No me puedo mostrar débil ante él. Tengo que actuar como si su ida, mejor dicho su huida, nunca me afectó y que sigo siendo la misma persona fuerte de antes.
- Y mientras tanto, eso te está matando por dentro.
- Cada vez que me habla, que vuelve hacia mí, es una espina que se clava en mi corazón. Una más, de las tantas que cargo.
- No puedes decirle adiós, ¿Verdad?
- Nunca se lo puedes decir al primer amor de tu vida.
- ¿El primero?
- Bueno, el segundo pero este al menos sí fue real. Aún recuerdo su perfume en mis sábanas, sus besos, nuestros momentos acostados en la cama hablando de los sueños de convertirnos en grandes escritores. Soñábamos el mundo entero y todo estaba a nuestro alcance. No había nada que no pudiéramos conseguir.
- Excepto la realidad. Saber que solo eran sueños.
- ¡Deja de lastimarme! ¿Por qué no puedo soñar? Soñar es lo único que puedo permitirme ahora mismo porque la realidad duele más. Necesito desplazarme continuamente entre libros, imaginarme un paisaje distinto donde solo existe mi imaginación.
- ¿No te arrepientes?
- ¿De haber amado?
- Sí.
- A veces pero si no lo hubiera hecho nunca hubiera sabido lo que es amar con locura, pasión, con fervor. Aunque el amor me haya destruido.
- Entonces valió la pena.
- El mientras tanto lo valió; la despedida fue más dura porque nunca hubo una. Desapareció, me dejó sola, vacía, adolorida. El inmenso vacío me tragó.
- Entonces deberías poder decirle adiós de una vez por todas.
- Ojalá, ojalá pudiera. Aún no estoy lista para hacerlo. Quizás un día cuando encuentre una persona que me haga feliz, reír sin razón, palpitar este corazón marchito. Pero aún tengo esperanzas, no todos los días, claro, pero debo aferrarme a algo.
- Repito: Debes decirle adiós.
- Algún día, querida Lucía, algún día.

1 comentario:

Jose Vazbeat dijo...

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