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Mostrando entradas de marzo, 2012

Vivir-morir en paz

"La vida del mundo es la paz de nuestra alma, sin una cerca de la otra es la misma muerte de nuestro propio ser que recoge lo que no hemos vivido hasta que nos damos cuenta lo demasiado tarde que ahora es."

Me vivo decepcionando de un mundo lleno de percepciones

No importa. No puedo contra esto. ¿Alguna vez se irá, el sentimiento de soledad? Estés o no estés, siempre es lo mismo. Me cansé de buscar, de esperar, de correr. Debería dejar de bajar la cabeza para observar un poco mi alrededor. Lo que tengo, los que me ofrecen su mano. En cambio, yo solo ando buscando aquél brazo que me arrastre. Me tiro al suelo, creo que hoy no me voy a levantar. Quizás la escritura sea el único modo de salvarme. Escribiré aunque hable del dolor, aunque me pierda en las palabras, aunque no sea realmente yo quien esté diciendo que lo siente. ¿Por qué la gente es mala consigo misma y con el otro? El otro puede amarte, dártelo todo pero seguirás traicionándola. No entiendo la traición ni la acepto. ¿Seré yo una más del montón? Si me preguntaras cómo estoy, ¿Debería responder con la verdad? La verdad por sobre todas las cosas, ¿No es cierto? Pero este corazón no puede ser salvado. Tantas heridas, tantos "debería ser" pero no veo ninguna realidad por aquí. Entre…

Aquí contigo, para siempre

Brindarle culto a la lástima; perderse entre las sábanas y creerse en otro mundo, en otra vida. Porque la vida está en otra parte. Pero ¿Dónde está esa parte? Acá, allá. Es lo mismo. Está en vos. Vos sos lo que la vida logra hacer de ella. Desnudar la ausencia, hacerla parte de lo cotidiano. ¿No me ves? Estoy tomando tu mano, si sólo pudieras darte la vuelta me verías. He estado allí todo el tiempo. ¡Qué invisble soy ante tus ojos! Eras la dama que aprendió a callar, a bajar la cabeza, a someterse, a obedecer. Conmigo no te pido sumisión, te hablo de igual a igual, porque de eso trata el amor. Respetarse. Te quiero y eso es lo que vale. Te quiero y quisiera que me des al menos una oportunidad. ¡Cuántas vidas pueden cambiar con tan solo una oportunidad!

Contigo, sin mí

Cruzando el extraño puente donde te vi, clavé la mirada
en tus ojos y luego seguí avanzando. No podía detenerme en este punto, o podría
caer, y jamás levantarme.
Sentí miedo de perderte, pero siquiera perderme a mí
mismo me aterrorizaba aún más. Entonces, decliné. Flaqueé el franco; perdí la
apuesta; te negué; me cerré; acuchillé al sentimiento. Y me perdí de todas
formas, absuelto en una nebulosa aún más dolorosa que tu amor no correspondido.
¿Dónde estabas?, ¿Por qué huiste? Tomé tu mano, fría,
pálida, y me dejé caer. Creí haberte sujetado fuerte. Sí, caeríamos juntos.
Juntos, de a uno. Pero en el pavimento, estrellado contra la soledad, sólo
estaba yo. Estiré la mano a medida que te susurraba, ibas perdiendo nitidez. Tu
suave rostro pasó del oscuro a la nada. Y la nada misma, me devolvió una imagen
de quién fui que todavía trato de derrocar.
Los huesos, abandonados a tus palabras, se fueron
rompiendo; mas no importó. No era tal semejante dolor como aceptar tu ida.
Entonces huí, también. No sé cóm…

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