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Mostrando entradas de octubre, 2011

Las despedidas suelen ser amargas

¿te gustan las despedidas, pensás que siempre son malas? Que traen dolor, rencor, y soledad. ¿Te gusta divertirte, hacer de la cronología de tu tiempo, un pasatiempo?, ¿Te gusta olvidarte quién sos al menos por un tiempo?, ¿O para siempre? ¿Siempre es una metáfora o de verdad existe?, ¿Conoces a alguien que se haya ido para siempre?, ¿No crees que aunque una persona no esté físicamente, el recuerdo permanece vivo e intacto? ¿Conoces lo que queda después de un vacío; de una frase olvidada, de una despedida? ¿A dónde se van todas esas cosas cuando ya no están?, ¿A dónde iré yo? Nunca y siempre, son palabras fuertes. No creo en sus verdaderos significados. Aunque si lo pienso más detenidamente, yo nunca estoy aquí aunque siempre me haya gustado el mundo. Me gusta cómo suena la palabra vida en la boca de la gente. Cómo sonríen cuando se dan cuenta del enorme poder que llevan en su interior. Sin embargo me asusta todo lo que hay detrás de "vida". ¿Eso me hace cobarde? 20 años. Llevo 20 añ…
Hablame. Hablame. No me hables. Ocultame. No me lo ocultes. ¿Qué pasó?, ¿Dónde estabas en ese entonces?
¿Cuál de todos mis personajes seré esta vez? Creo que L.A.F. Está bien, al fin y al cabo, aquélla soy yo.
No está mal. No está mal.
La escucho a mi hermana estudiar psiquiatría y me río por dentro, todas esas palabras raras -que algunos llaman enfermedades-, todos esos métodos que proponen.
Pienso: Hay cosas que no tienen cura, o partiendo por la base de que no son enfermedades. Así que déjenlos solos que puedan vivir la vida que quieren, cómo quieran.
Se me parte la cabeza -vos me la partís-, me da vueltas.
Hoy no estoy para escribir algo coherente, solo pienso en vossss. Y en qué mal hace el amor, a veces. (No correspondido, digo)

La experiencia -a través - del dolor

Mientras tanto en el atardecer desolado, mi mirada cobraba vida; iba descubriendo cada parte ínfima del mundo, cada tonalidad de aquéllos mismos ojos que antaño habrían de descalificarme.
Sí, era hermoso, llano e incluso inocente. Sí, no pude resistirme al abandono sistemático de su cuerpo.
Pero dicen que el que no arriesga, no gana. Es mi caso la de una pérdida, es mi caso de rendición, de llanto amargo y luego acostumbramiento al vacío, al no tener nada. ¿Qué importaba ahora?
Debía comenzar de nuevo, armando el caparazón que fuera capaz de cubrirme del amor malherido.
No se puede escapar a las desgracias, al dolor, pero si se atraviesa, de él se pueden sacar muchas experiencias enriquecedoras.
He aquí un texto que dice:

J. Borão:
“Nunca defenderé el dolor, y es obligación de toda persona que se considere humana cooperar con su destrucción. Pero afirmo que los que sufren poseen la potencia de saber crear y que, desde el dolor, se consiguen fuerzas para desarrollar la vida”.

Es bonito, cruel y triste

Cómo se pasa de la vida a aquélla tristeza natural, instinto de falla. Recordar cuánto se avanza de un rincón al otro, cuánto se deja en cada baldoza. Desconozco las razones, así es que prefiero quedarme en la verdad. Para tenerme de este modo, entonces no me tengas. Escuchando: http://youtu.be/elf6Wup2ZSI

Ninguna gloria en mí

Pensando en vidas ajenas, ocupándome de sus penas. Queriéndolo todo pero obteniendo tan poco. He estado observando desde lejos lo que pasa por mi cabeza; no quiero involucrarme aunque sé que debo. No puedo cambiar los hechos; la soledad está aunque la haga a un costado e intente que permanezca sola -como su palabra indica- Pero es una soledad tan extraña, viene hacia mí para complacerme, para hacerme sentir única... ¿Aún no entendiste que la vida en soledad no es lo mismo? Han pasado tantas primaveras, luego inviernos y ahora el Sol renace de nuevo. He pasado tanto frío, y tantas heridas han quedado expuestas a las críticas que mi completa vida fue condenada en los tribunales de las miradas externas. ¿Y el juez?, ¿Yo? No. Intento no serlo pero... sí, sí, lo sé... a veces pasa. La vida pasa, ¿no? Pues no: no quiero que le den uso a mi libertad sin poder elegir. Todavía me pregunto, dónde guardaste mi amor propio. En qué rincón de la cocina, o del cuarto tal vez. ¡Corazón, corazón, qué será d…

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