miércoles, 9 de marzo de 2011

You have angels in your head. Can you see them?

Me siento tan frágil en mi entera humanidad que no podría deducir si mis sentimientos de autodestrucción son parte del humano o solo míos.

Es como si yo hubiese nacido con otros fines pero a la vez con sentimientos tan encontrados: salvar a la humanidad pero destruirme a mí misma.

¿Dónde se haya la salvación en la muerte?

A veces pienso que en verdad soy un monstruo pero luego miro mi pureza, mi inocencia y no cabe en mí deseos de destrucción.

Me pregunto si en la fragilidad de mi alma se puede hallar un amor tan fiel y sumiso como el que siento. Es, incluso a veces, descolocado. Difícil de creer pero ahí está, luciéndose con intensidad.

¿Cómo hacer para ocultarlo? Creo que he pasado demasiado tiempo intentando no ser-yo.

Me he resguardado a través de los malos hábitos y del odio desmesurado hacia mí. Aún, detrás de aquélla máscara que intento hacer pasar como identidad, se encuentra el amor. Sencillamente es demasiado; habita en cada poro de mi estructura.

Me lleva a pensar: Esto es lo que soy.

No la idiota que ha intentado matarse y reprimirse por no querer o poder entregarse al Destino de su vida que no es solo salvar al mundo sino a sí misma.

Desde mi asiento contemplo el crepúsculo.

Desde aquí contemplo mi vida conmigo.

2 comentarios:

Blu dijo...

Lu, no te parece que es hora de salir del pozo? Es dificil, lo se. Con 23 pirulos yo tmb tengo momentos pero no dejo que goviernen mi vida. Tomo la responsabilidad de hacerme feliz a mi misma, no por lo que el espejo me muestra, no por lo que mi mama me dice, no por lo que mi cerebro piensa... no por un chico ni una chica. Lo hago porque hasta el dia que muera voy a tener que vivir conmigo. Es mejor tenerme como amiga, fiel companera, e incluso alentadora que una intrusa en mi propio ser.

~PiLi~ dijo...

Según Freud tenemos dos pulsiones que dominan nuestra vida: la sexual, de vida, y la de muerte. Eros y Tánatos. En muchas filosofías o religiones también está eso, la eterna lucha entre el bien y el mal, entre la luz y la oscuridad. Pero más que luchar contra esos sentimientos, hay que aprender a aceptarlos. Después de todo, son parte de nosotros. Hay que buscar el equilibrio, el ying y el yang.