viernes, 11 de marzo de 2011

Say whatever you have to say, I'll stand by you.


Situado en el más íntimo fondo de su decepción se sentó a esperar lejos de aquéllas voces que amortiguaban generalmente sus caídas. Quería sentir lo que era el dolor real, no a través de fantasías como solía experimentar.
Las horas pasaban como si nada; un viento helado comenzó a levantar vuelo arrastrando consigo las hojas que los árboles dejaban ir. Su mirada se posó en ellas, altibas y complejas que no tenían otro destino más que el de dejarse llevar por el viento. No tenían por qué siquiera cuestionarse un rumbo, un Destino, solo dejarse llevar. Hizo una mueca de desaprobación, estaba disgustado pero por momentos deseaba que su vida fuera así de sencilla, que no existiera la posibilidad de enrollarse en problemas que solo él podría plantearse.
Pasó bastante tiempo hasta que se dio cuenta que ya no corría la briza helada, mas una total oscuridad cubría el camino a casa. Fue la primera vez que se movió, giró la cabeza para ver si aún podía divisar los restos de la civilización que antaño le producían seguridad pero no, estaba completamente solo.
La soledad es la compañía más mortífera, sin embargo la única que puede hacernos traer a la realidad cuando se vive de sueño en sueño. Solo, uno se da cuenta de lo mucho que se perdió por bajar la vista, por simular un modo automático de vida. Solo, uno no encuentra la esperanza. Solo pero siempre fingiendo.
Aquélla vez, él estaba solo como tantas otras veces pero realmente consigo mismo. Algunas lágrimas rodaron por su rostro pálido.
¿Cuántas más horas de soledad consigo mismo necesitaría para recuperarse por completo?
(quizás, una vida entera)

1 comentario:

Catastrophic dijo...

No siempre la soledad ayuda.