viernes, 25 de febrero de 2011

Soy como un anochecer queriendo despertar


No. No volvió. Podría empezar con aquél titulado.
Hay personas que no vuelven, que solo pasan por nuestras vidas dejando huellas imborrables pero aún así... se van.
Hoy me preguntaron, mientras aguantaba mi llanto, si yo era la persona que se alejaba de las personas. Pensé durante unos considerados minutos. Bueno, sí, muchas veces lo hice pero no siempre. Cuando era chiquita y papá me abandonó por unos años, cuando tuve mis primeros novios y me abandonaron, cuando tuve mi mejor amiga... Cuando tuve una vida y ella misma se alejó de mí.
Quizás sea yo el objeto deseado para hacer sufrir, para jugar con él. O quizás tan solo alejo a la gente con un gran repelente sin darme cuenta.
Me viven repitiendo cómo es que no tengo a nadie si hay mucha gente alrededor mío que me quiere. Frunzo el ceño. ¿Quiénes? Pregunto. Miro a través de la ventana y sueño: Si tan solo pudiera volar... Luego vuelvo a la conversación, mis manos se tensan y comienzo a jugar con ellas. Ella notó que estoy nerviosa entonces yo intento sonreír pero no me sale; todo es demasiado falso.
Le digo: Te tengo que confesar algo... algo que me angustia mucho. Es como un fantasma que durante el último mes rondó por mi cabeza. No... puedo detenerlo. No es la primera vez que pienso, sobre eso -Paro y tomo aire. No quiero mirarla fijo a sus celestes ojos pero sé que están sobre mí expectantes. Quizás pensó saber todo de mí pero aquí le vengo con una nueva- Es que... - ¡Diablos!, ¿Por qué doy tantas vueltas?- Siento vergüenza de mí misma, no puedo ni repetir las palabras -Entonces alzo la vista e indefectiblemente sus ojos penetran en los míos. Lo largo, sin más preámbulos. Ella se queda escuchándome atentamente. Creí por un momento que iba a largarme a llorar pero no sé cómo me contuve. Me pregunta qué tiene de malo lo que me pasa y comienza a darme una serie de explicaciones psiquiátricas sobre mis pensamientos. Eso me alivia pero no calla mi bestia interior. Aparto la vista. De nuevo aquél paisaje que se revela con placer invitándome a escurrirme de la realidad. Soñar es tan fácil en mí. A veces pienso que solo soy eso: sueños. Nada más. Mi mundo más preciado se encuentra dentro de mi cabeza, escondido. Por momentos ni yo soy real. Nadie lo es. Pero ¿A quién le importa? Nunca seré nadie más que mis propios escritos, más que mis fantasías.
Termina la charla. Me levanto sin querer mirarla, me dice "Dame un beso" y yo sonrío. Me la imagino diciéndoselo a sus hijitos mientras quieren irse corriendo hacia el arenero y me da ternura, entonces me despido de ella. Solo recuerdo sus últimas palabras: Compromiso hasta el jueves de que no harás nada. Yo asiento, pasiva en mi rol de espectadora que sufre por ver cómo el personaje se consume. Muere. Por un momento creo que soy yo, yo muriendo.
Miro de nuevo "El cisne negro" y me es imposible no pensar que Nina, el personaje principal, soy yo: El cisne blanco -mi pureza, mi infatil lado- pero también el cisne negro -Aquél cruel cisne y oscuro demoledor de sueños. Le susurro: Sólo toma mi cuerpo que no es nada y déjame morir en paz.

4 comentarios:

Aliena dijo...

Te entiendo, cuando alguien querido se aleja duela mucho, me encanto tu blog :)

Snow dijo...

me has dejado sin palabras, es que no sé qué decir. Mucho ánimo.
Un besazo, pasa un buen finde :)

enrojecerse dijo...

El principio me has hecho entristecer.. por la gran verdad que cuentas.
Luego me has transmitido un poco de esperanza, no sé muy bien porqué. Siempre habrá alguien, y sino, siempre estarás tú, seas como seas.

Catastrophic dijo...

Alejarse de todo, la historia de mi vida. Ánimos.