domingo, 23 de enero de 2011

¿No fue demasiado? Un exceso de exigencias mentales


Así comienza mi texto, un poco largo, as asual.
Me pregunto -mientras observo con pena lastimosa- la segunda modificación de la novela que vengo intentando hacer hace 3 años, si no fue mucho.
¿Será que a todos los escritores les cuesta tanto o solo soy yo? Claro, simplifiquémoslo así: soy yo. El error. El exceso. La que se rinde y tira el pañuelo.
Pero no es hora de lamentos sino de preguntarse con total sinceridad, ¿En qué fallé?, ¿Qué debo modificar?
Pero mis palabras y mi capacidad de extensión siempre termina ahí.
Hoy vi "El diario de Ana Frank" (versión 2010) y recuerdo como en una parte ella le decía con firmeza a la hermana Margot: Yo quiero ser escritora: Con 12 años, determinaba su futuro.
Decía que nadie la entendía a ella que pasaba todo el día escribiendo en su diario íntimo. ¡Quién te iba a decir que luego tus diarios se convertirían en una historia tan famosa! Luego llevada a cine.
Mirándote a través de unas páginas cubiertas de lineas pienso: Ojalá fuera tan fuerte como vos que luchaste hasta el último momento de tu vida. ¡Claro que te merecías todo el reconocimiento del mundo!
Desperdicio tanta vida que seguro lo hubieras dado todo por tenerla porque por el simple hecho de ser judía, simplemente judía, te condenaron a vivir tu vida como una pesadilla. Hasta morir.
Pero a veces el exceso de libertad hace que nos olvidemos del real valor de una vida.
Comprendo tu sufrimiento de excilio pero desde otro punto quizás con menor valor para los otros. ¿Qué importa? Yo sigo sintiéndome como la peor.
Y claro que no lo voy a escribir acá porque sé que esto está destinado al blog y me avergonzaría de mí misma siquiera leer las palabras en la pantalla.
Solo quisiera que alguien me encuentre en el mundo que es mi cabeza, y me diga que está bien, solo debo perdonarme a mí misma.
¿Les cuento algo que aprendí? La culpa es el peor enemigo y realmente no te deja vivir.
Es triste alimentarse de fantasías.
Solo sé que es una decisión que debo tomar. Como decía en mi posteo anterior Bella: "Escoger entre quién debo ser y quién soy".

En mi intento por hacerle comprender al mundo quién soy, a veces me expongo demasiado y ante personas que pueden hacerme daño.
A veces no tengo filtro, no lo encuentro en mí. Filtro podría también decir que no tengo un freno.
Pero ante mi ingenuidad y deseos de gritar al mundo cómo me siento, ante mi desesperación:
¿Cómo saber en quién confiar?
A veces no distingo a la verdadera Lucía entre tanto impulso, pero el impulso nace ante una necesidad.
Les digo, hay que estar realmente desesperado para no poder parar, para hundirte en excesos.
¿Qué habrá necesitado la pequeña Lucía cuando apenas podía hablar y comenzaba a expresar lo que quería, a través de actos?
Mamá dice que desde pequeña soy impulsiva.
¿Qué clase de modelo copié o callé para hoy en día hacerme tanto daño, no poder parar?
El impulso dañino solo deberá desaparecer (o mejor dicho regularse) el día que empiece a poner en palabras lo que me pasa. ¿Suena fácil?
Así no lo fue para esa pequeña Lucía de hace 7 años atrás, y no lo es aún ahora.

2 comentarios:

Clara dijo...

Las palabras son verdaderas pócimas mágicas de salud, nos dan la posibilidad de inventarnos,de ser, de freno y de fantasia.
Un abrazo

Catastrophic dijo...

Yo tengo quince y no tengo ni la menor idea de que quiero ser... siempre hay tiempo!
Un beso.