Ir al contenido principal

Ven conmigo, a la ciudad del amor

Debería sentir paz o algo parecido a ello pero no lo siento. ¿Será que debo esperar?
Ayer viajé muchos kilómetros y abandoné mi queridísima cama (no pude evitar llevarme un libro y gracias que lo hice sino hubiese muerto de aburrimiento. En otro momento cuento la anécdota de este viaje) para ir a una "misa especial" donde un "cura especial" me ayudaría a curarme.
Toda la gente allí se emocionó y yo lo intenté pero seguí sintiendo el mismo vacío que transporto a todos lados. Quizás la fé no fue suficiente.
Perdoname Dios, creo que te debo unas disculpas o quizás a mi mamá que pagó todo el gran viaje, pero siento que directamente no siento nada, solo un vacío, un algo que rellenar con no sé qué cosa. Dios bendito si supiera qué es lo que necesito.
Creí que los libros de auto ayuda serían de apoyo, que el yoga y la meditación me ayudarían, que este cura también pero la verdad es que no me hallo en ninguna parte. No digo que ninguno de estos métodos no sirvan, ¡claro que sí! Pero yo no me siento en ellos, si me explico bien.
Me extraño a mí misma, la chica alegre que solía ser. Extraño indefectiblemente a mi tía aunque no pueda llorar como cualquier normalmente haría. Sin embargo es algo que siento adentro, como una picazón que arde en no sabes qué exactamente lugar del cuerpo. Te rascas toda. Te pones todas las cremas. Intentas rellenar ese espacio pero aún duele. Y pienso qué me diría ella en este momento frente a esta situación. Ella era muy espiritual y creía en los milagros, seguro tendría un buen libro para recomendarme.
En cambio estoy a la deriva, con esta fuerte opresión en el pecho y millones de sentimientos que sencillamente no puedo explicar.
Entonces me tiro en la cama y escucho Cat Power y sus melodías depresivas (Good women, en particular)
Descubrí dónde mamá guarda el libro de Alejandra Pizarnik, aquélla otra depresiva que se suicidó donde en su libro habla solo de la muerte, y me tienta agarrarlo y leerlo para comprobar si es cierto que todavía puedo llorar aunque sea por unas simples líneas.
El libro que estoy leyendo ahora es demasiado fantasioso, yo quisiera uno donde la realidad se exprese tal cual es y llorar junto al dolor de cada palabra.
Lo sé, la tristeza y el vacío serían las palabras que perfectamente me describirían hoy en día.
El viernes hablando con la psiquiatra me decía que la única manera de resolver esto por lo que estoy pasando es estando viva, que juege para mi equipo porque por más que existan otros luchando por mi causa yo soy la única que se puede salvar. Y es cierto pero en estos días todo me cuesta tanto.
Creo que lo sabía desde el día que decidí dejar de salir de casa en el 2008 pero nunca pensé que llegara a ser tan extremo, tan punzantemente doloroso.
No puedo ni explicarles cómo me siento porque es algo que nunca sentí antes. Es como parte de mi enfermedad pero a la vez, a paralelo. Me angustia la comida pero entiendo que mi dolor no pasa por comer una porción de más o no. Pasa por algo más profundo.
Y tengo que ser fuerte (aunque ¿A dónde han quedado mis fuerzas?) y no caer en los síntomas. No debo cortarme, ni juntar pastillas, ni atraconarme, ni nada en especial pero mi debilidad facilita todo es como si le abriera una puerta a la enfermedad y la invitara a pasar: Sí, dale, entra que está todo bien. Seamos amigas.
Otra voz grita: ¡No! Yo no quiero ser tu amiga.
Ahora entiendo. No fue la enfermedad quien me arruinó la vida, sino yo misma porque soy yo quien tiene el poder de la decisión: aceptar la oferta o dejarla. Hundirme o salir adelante.
En fin, domingo triste. Espero que mañana sea mejor. Sí, los lunes me gustan.

Comentarios

  1. Hay linda, me gustaria estar con vos en este momento y poder ayudarte
    Ayudarte a que todos tus problemas se vayan con el ayer, pero lo unico que puedo hacer en este momento es darte palabras de aliento, no?
    A mi todavia no se me ha muerto nadie cercano, asi que exactamente no se que sientes o como te sientes al respecto, debe ser muy duro pero me sorprende que no puedas llorar y una parte de mi te admira (yo estaria echa un saco de lagrimas, soy extremadamente sentimental)
    Creo que lo que necesitas es tiempo, tiempo para analizar, tiempo para comprender tu enfermedad, tiempo para darte cuenta que no puedes volver el tiempo hacia atrás solo puedes seguir adelante, haz que tu tia, donde quiera que este se sienta orgullosa de ti.
    Y mira que si ella tenia mucha fe, dios te mande un milagrito!
    No pierdas las esperanzas de despertar y ver todo y sentirte diferente
    Mis mayores fuerzas para ti hermosa, se fuerte!

    ResponderEliminar
  2. Puedo entender un poco cómo te sentís. Y supongo que es verdad: no importa cuántos libros de autoayuda leas, ni curas visites, ni pastillas tomes. Si el deseo de mejorar, de estar bien, de estar viva no viene de vos misma, de tu interior, entonces lo demás no va a ayudar tanto como debería.
    Yo tampoco hace mucho no puedo llorar. A veces creo que si pudiera descargarme llorando un poco, entonces me sentiría mejor.
    Los domingos siempre me deprimen, no sé por qué. Espero que esta semana sea mejor para vos :)

    ResponderEliminar
  3. Te entiendo perfectamente en todo (menos en que te gusten los lunes). La realidad es tal cual vos la planteas vos sola podes salvarte, ya sabemos que ni los mejores medicos, ni los mejores tratamientos, ni creo yo que un milagro ayuda, sino que vos tengas ganas de salir y hagas todo para lograrlo (igual no digo que sea fácil eh) pero bueno, aunque hace mucho que no hablamos sabé que podés contar conmigo, qe siempre que pueda ayudarte lo voy a hacer. Te mando un beso lu :) te quiero.

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

We live in a rainbow of chaos

Entradas populares de este blog

Alejandra Pizarnik, ensayo

Ayer estuve en la radio "Industria Argentina" Hablando sobre Alejandra Pizarnik, lejos mi poetiza favorita. Les dejo a continuación el ensayo que escribí sobre ella.

Alejandra Pizarnik: Diarios
“Decir que me abandonaste sería muy injusto; pero que me abandonaron, y a veces me abandonaron terriblemente, es cierto”. Kafka

A través del recorrido por sus diarios que fueron publicados en el 2003, intentaré descubrir una faceta de la poeta, para poder entender mejor sus poemas y su modo de sufrir, que la persiguió durante toda su vida. Quiero invitar al lector, que a través de estas páginas, haga su propio descubrimiento. Claro que yo la estoy leyendo bajo mi punto de vista y mis circunstancias; cada uno desarrollará una propia versión de estos diarios. Podrán o no gustarles su trabajo pero para mí es imprescindible incluirla en estos esbozos de pensamientos puesto que Pizarnik fue una gran influencia para mí, y lo será siempre. Nunca morirá mientras la reviva, ya sea pensando en al…

Las dos caras de dos monedas

Tony, he de recordarte una sola cosa. Los trenes parten bien temprano por la mañana, desaparecen en una estela de vapor, tu boca los imitaba (tu, tum, tu, tu; tu, tum, tu, tu), yo te veía alejarte a la par, tus dedos maquinales, tus ojos rodantes, tus músculos de acero, eran como un gran monstruo asustado. Pero luego lostrenes regresan, nos llevan devuelta a casa. Tú nunca podrías ser un tren, porque nunca regresaste.
Mariquita, he de recordarte una cosa. Basaste tu personaje en el grandilocuente Dios, maestro de las flores y estudiante de la bondad. Dios rodea los centímetros de los tallos que crecen erguidos al sol, posa sus manoplas en la película transparente del océano para besar con sus labios salados la extensión total de la vida. Dios es el amor que depositan los carteros en los buzones, la sonrisa magistral con que recogen la correspondencia los diminutos seres, Dios controla el camino que une el sentido y la razón. Encontraste la forma de escabullir tu esqueleto en los int…

La primera vez que me hice señorita

Extracto de mi libro "Escrache"
Quizás en algunas familias se festeja cuando te viene por primera vez, se ponen contentos sin embargo yo no tengo muy gratos recuerdos, de hecho, odié el día en que mi cuerpo dejó de ser niña. Odiaba mis bustos en desarrollo, el acné en la cara, la panza a medio estirar y por supuesto, haberme desarrollado. Aquél día me sentía extraña en el colegio, con un terrible dolor de panza (Claro que aún no los identificaba como “ovarios”) y la frente me ardía de excitación. Seguí la jornada como de costumbre y al mediodía ya me encontraba en casa. Largué la mochila al piso y corrí al baño; al bajarme la bombacha lancé un grito ahogado y me quedé dura durante unos instantes. La sangre impregnada en la tela lucía opacada ante aquéllos vívidos pensamientos que se entrecruzaban. “¡Por Dios!” Solo pude decir. La abuela que pasaba por casualidad me miró asustada y enseguida entendió la escena. “Dame la bombacha que la pongo para lavar” Me dijo, y se fue con ella.

Concursos