lunes, 13 de diciembre de 2010

Diario personal

El Padre sanador del que hablé ayer me dio una oración para que rece y tome agua bendita. Hoy lo hice (ayer también). Decía explícitamente pedir las intenciones en silencio pero yo no puedo, necesito hablarle a quien sea que esté arriba, contarle cómo me siento aunque algo me dice que él ya lo sabe. Quizás hablar un poco conmigo misma, descubrir por qué estoy tan angustiada.
En un momento me puse a llorar porque recordé cuando era más chica y decía que quería salvar al mundo, me vi reflejada en ese momento, esa época (la tía aún estaba, perdón si soy tan insistente con este tema pero es muy reciente y todavía no logro superarlo. Me parece increíble que ya no esté).
Tenía una vida completamente diferente a la de ahora, se podría llamar vida con todas las letras. Salía de casa y a pesar de tener unos mambitos en la cabeza no era como ahora.
Ahora, ahora, ahora. ¿Qué es el ahora, en qué se basa y por qué?
A medida que iba pensando en salvar al mundo me estaba enfermando y me salteé por completo el hecho de que para salvar a alguien primero tenés que salvarte a vos mismo.
Si les tuviera que decir cómo llegué a este extremo me es difícil aclarar cuándo, cómo, en qué momento me convertí en esta persona. Sí, se preguntarán cómo soy y cómo era. Qué cambios hubieron. Muchos a decir la verdad.
A ver... yo salía de casa, yo iba al colegio, yo mantenía vínculos a pesar del miedo a perderlos.
Yo vivía -con inseguridades o no pero lo hacía.
A simple vista lucía como una persona completamente normal, será por eso que mi familia nunca se dio cuenta cuán mal estaba. ¿O será que el empeoramiento vino después?
Sinceramente nunca estuve bien de la cabeza, desde chica pero no se podía llamar a eso una enfermedad psicológica.
Era caprichosa, impulsiva, me costaba formar vínculos aunque no se notara. Para todos yo era aquélla chica extrovertida que tenía una vida perfecta.
No me puedo olvidar de esto nunca, una vez cuando tenía 11 años, la que era mi mejor amiga en ese momento se me acercó y me dijo: ¡Cómo te envidio! Ojalá tuviera tu vida.
Yo le sonreí y le dije: No es tan así...
Y ahí terminó la conversación. Más adelante otra amiga me estaría diciendo: A simple vista los que más parecen felices son los que más aparentan. Y yo me oculté el rostro con el buzo aguantando las lágrimas; ya para ese entonces estaba en plena enfermedad y nadie lo sabía.
Mi real problema es no hablar sobre lo que me pasa, cuando me siento mal. Me guardo todo y termino explotando a través de actos dañinos y nunca se sabe por dónde puede salir la cosa.
Ya no tengo miedo a estas alturas de nombrar lo que me pasa, pasé por tantos psicólogos y demás que hablarlo una vez más me da lo mismo.
Retomando lo del rezo, me hizo bastante bien. No sé qué fue. Supongo que hablar conmigo misma o con ¿Dios? me ayudó a aclarar un poco las ideas de cómo me vengo sintiendo y por qué.
Hoy tiro para mi mismo lado, mi mismo equipo.
Yo sé que las cosas algún día, en algún momento van a mejorar porque así es la vida: El ánimo va y viene y mientras esté alto hay que aprovecharlo.
Cada uno tendrá sus prácticas religiosas o no, sus métodos para estar bien y no importa realmente cuáles sean mientras sirvan. Mediten, practiquen algún deporte, júntense a tomar algo con un amigo, hablen solos, escuchen música. Todo vale en el camino para estar bien.
Eso es algo que aprendí éste fin de semana durante el viaje. El real sacrificio no fue hacer una fila de 5 horas bajo el Sol y que después me tocara una tormenta de la p*ta madre, sino el después: qué hace uno con las situaciones que tenemos en la mano, cómo pensamos resolverlas, a través de qué método.
Yo voy a a hacer todo lo que tenga a mi alcance, lleve el tiempo que me lleve, el esfuerzo que requiera, los curas que tenga que visitar, las horas dándole a la bolsa de boxeo que me compré, leyendo los libros que tenga que leer, descargándo lo que tenga que decir con la psicóloga, hablar con los amigos que tenga que hablar.
¿Vieron? Siempre de cada experiencia se puede sacar algo.
Espero no haberlos aburrido demasiado.
Hasta mañana!

1 comentario:

Innocence dijo...

creo que tu niñez, tu manera de actuar, me identificó. Pero creo que aún estoy en esa faceta.
Espero que logres todo lo que anhelas.
Besitos (: