domingo, 21 de noviembre de 2010

Cada pausa lo deja renacer, le incorpora silencio

Caballería derramada sobre mi pecho. Las espadas cruciales dejan marcas en el corazón, entonces los sentimientos se derraman como gotas de lluvia filtrándose por el tejado. Respiro entrecortadamente, jadeando confusa.
Noches de insomnio resaltan los párpados pesados de tanto sueño acumulado. Floto en el aire cargando sobre mis hombros mi propia muerte, con lo que queda de mí. Creo sonreír de locura o de pasión.
Cupido me ha impuesto una condena clavando sus flechas de dolor en mi razón. Ahora todo embellecido se asombra de la vida porque vivir ha enclarecido mis pensamientos. Lo que tendría que ser dolor no es más que una respuesta inconclusa y ante la incertidumbre he elegido el amor.
Quizás no sea tarde. Quizás aún pueda elegir vivir.

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Hoy tuve otra salida con mi hermana, fue linda aunque estaba cansada, eso debe ser de tanta medicación que tomo.
A la mañana fui con mi mamá a la Iglesia del Padre Mario (un cura sanador que ya murió pero dicen que sigue haciendo milagros). Ella ya no sabe qué hacer conmigo. Es entendible.
Estoy un poco mal por todo lo que vengo comiendo (ok, no quería decir esto porque ya dije que no me gusta hablar de mi enfermedad en particular esta, no quiero que se transforme en un blog de "prins". Nada que ver. Pero tenía que descargarme de alguna manera.)
Y además estoy leyendo y escribiendo poco, lo cual aumenta mi mal ánimo. Siempre mis malditas exigencias: debería, debería, debería. Agh, solo debería controlarme y aprender a vivir o al menos mantenerme viva. Eso es ya demasiado, no?
A pesar de todo, me vengo sintiendo mejor y eso es bueno... con ganas de vivir aunque a veces re-aparecen pensamientos del estilo "acaba con todo y listo" pero existe un después, no para mí sino todo lo que dejo atrás y hay que pensar en eso también.

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