sábado, 7 de agosto de 2010

Prometí no llorar, sonreí para disimular


Me sentía confundida. Terriblemente confundida. Las emociones se turnaban de acuerdo al paso del tiempo. Quería creer que solo estaba divagando, que nada de lo que pensaba era relevante. Le daba demasiada importancia a mis “sensaciones”. ¡Vaya a saber uno cuánto de paranoia tiene cada pensamiento y cuánto de verídico!

Llevaba tiempo sintiéndome así del mismo modo adolorido, sabiendo que la vida corría y yo la dejaba ir.

A diferencia de otros, sentía que yo avanzaba hacia un costado –siempre quedándome en el mismo rol- pero nunca hacia delante.

La gente alrededor mío era demasiado falsa. Por primera vez me planteé la opción de que no me quisieran pero en lugar de rechazarme me aceptaban falsamente.

Escuchar criticar a amigos sobre otros amigos sin piedad, escuchaba hablando con rencor y salir duras críticas de sus bocas. Todo lo que hacían era juzgar. Entonces me ubiqué en la lista, yo podría ser una de ellos. ¿Por qué eran tan injustos, tan falsos? Pero por sobre todas las cosas ¿Por qué yo –siendo una persona de bien- tenía que fingir también? Era realmente buena pero cuando tenía la sensación de rechazo me agobiaba y la situación terminaba saliéndose de mis manos, siempre me volcaba en su mismo rol: Yo soy ellos. No, no –me corregía ahora- Yo soy como ellos. Porque en el fondo muy buen sé (o quiero creer) que yo soy distinta.

¡Ey, miren! Aquí viene la chica mala con su disfraz de caperucita roja. ¡Por Dios!, ¿Quién era en aquéllos momentos la Lucía que se presentaba? Levantaba la mano y afirmaba con ímpetu. ¿Por qué temía ser yo misma?, ¿Por qué era tan difícil si según la lógica, lo más fácil es mostrarnos tal cual somos? Porque eso es algo que ya sabemos. O quizás lo angustiante sea no conocernos, temer a quienes realmente somos.

Siguiendo de nuevo con la lógica, ¿Por qué da miedo –pánico- actuar y sentir tal cual somos?, ¿Qué tanto dolería algún día descubrir que somos de esta manera y no de la otra?, ¿Qué cambiaría en nuestras vidas descubrir que por ejemplo, nos gusta la medicina y no la contabilidad?, ¿Por qué influencian tanto las opiniones externas sobre nosotros?, ¿Quiénes son ellos para determinar nuestra vida y quiénes somos nosotros para ejercer sus deseos?

Siento impotencia cada vez que me limito en mi situación con la gente. Entiendo e incluso hasta a veces acepto, y reconozco que las cosas no están bien en mi vida y cuando me pregunto por qué será, lo único que resalta es la soledad penetrante en mi vida y mi enfermedad, claro. Pero al derecho o al revés ambas (y en sus distintas maneras) son situaciones que aparecen para tapar mi angustia.

Siempre es el “me siento sola” cuando estoy con gente, no me puedo conectar con nadie excepto cuando ayudo al otro porque hablar de mis problemas no cuenta como conversación válida y es seguro que todo lo que sale de mi boca aburre incluso hasta al maniquí y solo me escucha porque no tiene vida propia.

¿Baja autoestima? Seguro, ¿Falta de confianza conmigo misma? ¡Sí, eso!

Pero construir una autoestima es cuestión de tiempo y con el tiempo crecen las heridas, se vuelven pesadas en nuestra historia.

A veces creo que soy ya demasiado grande para perder tiempo en armarme una. Me queda “poco” tiempo y mucho por vivir.

Odiaría confirmar que todo en esta vida se trata de aprendizaje. Aprendizaje y dolor, claro.


1 comentario:

~PiLi~ dijo...

Wow.. Me sentí demasiado identificada con cada palabra. Te juro que me siento igual!
Pero quiero creer que nunca es tarde para sentirse mejor. De verdad quiero creerlo...
Besos! <3