jueves, 29 de julio de 2010

Cry, woman, cry

Allí se encontraba, sentada sobre el escalón de alguna casa escondida por entre el montón que formaban el barrio.
Apoyó su rostro contra la baranda que permanecía mojada bajo el efecto de una suave llovizna en una noche calurosa, rara para la estación del año. El invierno aún no llegaba a instalarse con facilidad; los días no cedían ante el frío que anhelaba cubrir a toda la ciudad, haciendo de ella, un lugar más opaco.
La mirada de la chica divagaba por entre los rincones de la vereda, se escurría del tacto humano, fingiendo no ser partícipe de aquélla realidad.
Resolvió, dentro de su cabeza, recuerdos lejanos que correspondían a otro entonces. Yacían acumulados junto al olvido, en algún doloroso archivo de su mente.
¿Por qué ahora?, ¿Quién vendría a sostenerla cuando su cuerpo decayera, sin conservar las fuerzas adecuadas como para levantarse?, ¿Cuántos de nosotros nos arrimamos arrastrándonos, en busca de un sentido? Aquél que se amolda a todo cuestionamiento o carencia.
¿Podría acaso ella retirarse del suelo para comenzar de nuevo la rutina que la vida misma le ofrecía cotidianamente?
Había una única verdad, de tan solo decodificar lo que aquéllos ojos fingían, escondían un sentimiento real, tan real como lo que sus manos sontenían con recelo: mil palabras pero una única despedida. A ella le gustaba llamarla la salida.
"¿Salida?" Repetía ahora por dentro. No era precisamente una salida, sino un rapto de sus sueños más profundos, desplazados hacia la ruina y la deshonra. Pero ¿Qué dignidad podría ella perder si atentar contra uno mismo traspasa todos los códigos mal formados ante nuestra incrédula mente humana?
La chica se paró de repente, olvidando que sobre sus rodillas cargaba varios cuestionamientos pendientes los cuales se habían filtrado de su mirada.
Sintió cómo poco a poco algo externo iba derrumbándose junto a su dolor.
Los brazos se columpiaban en el aire jugando a ser dos gaviotas que olvidadas, andaban por la vida.
Las piernas perdieron el valor de sostener estabilidad, ahora se desdoblaban con el pasar de los segundos y cayó. La chica cayó, hundiéndose al pavimento que comenzaba a enfriarse por la puesta del Sol.
Pero cada baldosa instala allí, abrazó al débil y desarmado cuerpo de la chica, le hizo sentir el calor avasallante que ningún par pudo brindarle jamás.
Lentamente, ella se adentró aún más, hasta perderse de vista.
Ella, soñadora de por vida. Amante de la ironía y pasiva ante aquél Destino incierto que jamás se mostraría sin ser antes deseado.
Ella sonrió, mientras la lluvia arrastraba los rastros de su dolor.

4 comentarios:

enrojecerse dijo...

que la lluvia no le pare, que se levante y vuelva a caer y vuelva a levantar.

Innocence dijo...

hermoso *-*

Soñadora E dijo...

Que bonito ^^

Si, la cancion me sirvio de musa :)
saluddos;

C.L dijo...

Que bello.
Por más que uno tropieza y aunque no sepa cómo caer... sólo hay que ser valiente y levantarse :)
Un beso! Te leo!