viernes, 18 de junio de 2010

El psicópata:

El psicópata sabe por instinto que expresar un impulso prohibido activamente es mucho más beneficioso para él que limitarse a confesar el deseo en la seguridad de un consultorio.
El psicópata suele ser ambicioso, demasiado ambicioso para cambiar su distorsionada y brillante concepción de sus posibles victorias en la vida por el lúgubre aunque apacible desgaste del diván analista.
El drama de sus movimientos guarda una sardónica semejanza con la rana que trepó unos metros en el pozo sólo para caer de vuelta.

[ Saqué esto de un libro que nada tiene que ver con psicópatas pero que el protagonista en un determinado momento se interesa en la "psique" de los psicópatas y comienza a describrirlos. Me parece muy interesante. Ya sé, últimamente estoy rara con mis publicaciones. Prometo escribir cosas personales más "normales".]

2 comentarios:

Nat dijo...

Me gustó, y pensándolo objetivamente y no lo tomes como ejemplo, srita. escritora, creo que el acto del psicópata si bien es un arma de doble filo, satisface más la posible ambición de ese ser, al cual no imagino, haciendo terapias, ni grupos, ni esperando años, para concretar actos.
Me gustó mucho.
Como siempre es un placer leerte.

Catastrophic dijo...

Siempre me gustan. Tus actualizaciones, digo.