viernes, 2 de abril de 2010

Where the wild things are

De vez en cuando Max tenía la impresión de poder aclarar sus pensamientos, de que podía ordenarlos en una fila y contarlos; que podía obligarlos a comportarse. Había días en que podía leer durante horas seguidas, cuando entendía todo lo que le decían en clase, cuando podía cenar tranquilamente y ayudar a recoger y jugar a solas y en silencio en el salón.
Pero otras veces, otros días, en realidad la mayoría, sus pensamientos no se alineaban. Esos días perseguía recuerdos e impulsos que se desviaban y se dispersaban lejos de él, escondiéndose en las espesuras de la mente.
Y cuando ocurría así, cuando no conseguí entender algo, cuando los pensamientos no se sucedían uno tras otro, parecía que, pegado a los talones de las perdices desperdigadas, Max hacía y decía cosas que desearía no hacer ni decir.
Se preguntaba por qué era como era. No quería odiar a su hermana Claire y no quería haberle destrozado el dormitorio. No quería haber roto la ventana de encima del fregadero de la cocina cuando pensó que se había quedado atrapado fuera de casa, cosa que había hecho unos meses antes. No quería haber chillado y aporreado las paredes de su cuarto el año pasado cuando, en plena noche, no encontraba la puerta. Había hecho mucas cosas, había roto, arrancado y dicho muchisímas cosas y siempre era consciente de haberlas hecho, pero apenas entendía el porqué.
Y se le ocurrió que quizá tuviera problemas graves. Hasta entonces todo le había parecido bastente simple. Había estado a punto de morir en el fuerte y por tanto había calado el dormitorio de su hermana y destrozado cualquier rastro del afecto que alguna vez sintió por ella.
Pero ahora ese plan tan simple, inevitable y lógico, no parecía tan acertado como hacía tan solo unos momentos. Tal vez a su madre no le gustara que Max hubiera vaciado siete cubos de agua en el cuarto de Claire. Resultaba muy raro pensar en ello: ¿Cómo podía ser que solo unos minutos antes, mientras hacía todo eso, le hubiera parecido la única opción posible?
Ni siquiera se lo había cuestionado. Era la única idea que tenía en la cabeza y la había llevado a la práctica con decisión y rapidez. Ahora oía los pasos de su madre en la escalera, subiendo a verle, y quiso borrar el pasado, todo lo que había hecho. Quería decir: "Sé que siempre he sido malo, pero ahora seré bueno. Déjame vivir"

Los Monstruos de Dave Eggers.
[ El libro de la película Where the wild things are. Hace mucho que quería este libro, es simplemente bello. Ayer mientras leía pensé en este párrafo y lo subraye porque es tan yo. El niño impulsivo, "malo" pero con buenas intenciones.
"Sé que siempre he sido malo, pero ahora seré bueno. Déjame vivir". ¡Cuántas veces he querido decirlo esto a mi madre!. ]

2 comentarios:

sandocan en bicicleta dijo...

me llamo la atencion lo de los 7 cubos de agua.- si tambien subio la calefaccion y llevo un cuchillo es una inteligente forma de hacer lo que tal vez pudo hacer, aunque no se si era lo mejor por hacer. Veo que coincidimos en que ambos publicamos una foto de Christopher McCandless alguna vez. espero tu proximo escrito.
un saludo en la lejania.

sandocan en bicicleta dijo...

en esos momentos de locura, estamos impulsado por un fuerte sentimiento que nos impulsa, tal vez, un dolor pasado, desesperacion, impotencia, paranoia.. que una vez puestas las cosas en frio y haciendo uso de la razon uno se da cuenta que tal vez lo hecho no fue lo adecuado.
lo importante, es que esos sentimientos que nos mueven, a pesar de ser muchas veces dolorosos, son los que nos hacen sentir realmente vivos.
un saludo en la lejania.