lunes, 1 de febrero de 2010

la tristeza se cansó de ser tristeza



Me di cuenta que extraño, tanto. Todo este tiempo intenté no pensar en ellos. Me obligué a olvidar aunque sea de una manera fictisia. No tenía que dolerme el alma durante el día mientras me preparaba para enfrentar a la monotonía. Sino todo pesaría, hasta aquéllos minutos que pasamos sin conocer la razón de su existencia.
No habría podido sobrevivir este tiempo. Me tienen que entender. Quizás ya no les importe. No piensan en mí cuando la vida te da tantas oportunidades que no tenés ni un segundo para parar. Quizás optar por la mentira sea lo más políticamente correcto para estos casos. No lo sé, es la primera vez que me toca enfrentarlos y quisiera huir como una niñita despavorida que corre al nido a buscar su chupete. Que el viento me arrolle, que me distraiga, que me quite estos pensamientos, que suavice las palabras porque sino juro que no lo aguantaría. Extrañar es poco, cuando el siguiente pensamiento se remite a derribarte y gritarte: ¡LA SOLEDAD!, ¡ESTÁS SOLO!. Me duele. Aunque a veces piense que soy más dura que la roca, que mis sentimientos no me tocan, que no me importa... ¿Cómo puedo engañarme de esa forma?, ¿Acaso no veías cuando todo se iba cayendo en pedazos... no sentías la pérdida física y mental? Cuando te fuiste... ¿No te dieron ganas de llorar? O ahora me vas a decir que aquél día en aquél comedor rodeada de extraños no te tiraste al piso a llorar y nadie te entendía. Porque era tu dolor, tan propio que no tenía nombre. Decir angustia no era suficiente. Podés seguir mintiéndote pero la mentira tiene patas cortas, más cortas de lo que te imaginás.

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