viernes, 29 de enero de 2010


Hace mucho que no escribo (bueno, unos 20 días), me dediqué a leer en este último tiempo: 5 libros, seguidos. Es como si encontrase en las lineas que otras personas habían inventado, las respuestas a mi incertidumbre. Paso los días a la deriva, en la espera. Y odio esperar pero esta vez no me quedaba otra. A la merced de lo que ellos decidan. Es lógico, en mi estado no puedo elegir correctamente, o al menos como ellos quieren. Entonces, me entrego (solo una parte. Decir me entrego sería entegrarme literalmente y no estoy dispuesta a hacerlo) Digamos que dejo que ellos decidan en ciertas cosas por mí. (menos trabajo) Si me pongo a pensar, probablemente los últimos dos años fueron completamente iguales, me olvidé de vivir y de lo que es ser original. Y creo que no soy la única. Ayer vi a unas amigas y escuchar su igual de repetitivas "novedades" me hizo pensar en lo rutinaria que se puede volver la vida si dejamos de vivir. Ese dejar de vivir sería metaforicamente (aunque una parte de literal tiene) Dejamos de sentir, nos aplicamos una anestecia permanente. De una u otra forma nos olvidamos de lo que significa el estar bien pero para uno mismo, no ante los ojos de los otros porque fingir se torna realmente fácil. Y mientras caminaba por la calle ayer cuando despedí a mis amigas en una esquina alborotada de gente, me adentré en una calle solitaria y me puse a pensar sobre esto. No quiero una vida librada al azar. Quiero formar parte de mi vida propia. Quiero volver a sentir lo que es una decepción cuando uno no aprueba un examen, o lo lindo que es cuando nos sentamos en un parque y nos adentramos en las ramas de los árboles. Lo lindo que es sentirse vivo. Gran objetivo para este año. Al menos quiero empezar y eso es ya un comienzo.

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