lunes, 18 de enero de 2010

¿Cómo puede un árbol tan inmenso, imponente y hermoso estar al lado de tanta pobreza?











Con aquéllos pensamientos tan aniñados no podía escribir cuentos de adultos.
Yo me encontraba tan lejos de un modelo de adulto que poco conocía de aquél mundo.
Todos ellos eran personajes infantiles pretendiendo ser adultos. Quizás solo uno escribe de acuerdo a sus experiencias, por más que conozcamos otras no podremos sentirlas realmente y relatarlas.
Escribimos sobre lo que somos, sobre el cambio verdadero en nosotros.
Uno intenta no hacerse cargo del personaje pero es de nuestra creación por lo tanto siempre tendrá esa pizca de nosotros mismos.
Puede ser algo pequeño como el estado anímico del personaje que se levantó un lunes cualquiera por la mañana. Porque es difícil crear un personaje que desborda de la alegría cuando dentro nuestros se nos hace imposible imaginarnos una felicidad verdadera.
Aún así pudiendo lograrlo, sentiríamos que aquéllas palabras están tan frías y desprotegidas.
Quizás el lector no lo note pero al final del día el escritor larga unas lágrimas y se saca el disfraz para dormir.
Me imagino que para Dios no debió ser fácil crear una vida. Sentir que uno tiene todo el poder en las manos, aquélla desbordante soberbia y ojos compuestos de avaricia.
¿Por qué toda una vida tendría que depender de una sola cosa?, ¿Por qué no dejar libre al ser dentro de cada vida? Dejarlo ser.
¿Por qué siempre querremos apuntar a lo imperfecto? Si nunca hemos visto un molde de algo perfecto... Entonces ¿Cómo saber si de verdad existe?
¿Por qué vivimos la vida tan anonimamente?
No querría formar parte de esta humanidad si pudiera elegir. Querría gozar de únicamente felicidad. Pero ¿Qué sería si no fuera más que un simple humano?
Muchas veces aspiramos a ser creadores y tener todo el poder bajo nosotros, el problema básicamente es que no nos damos cuenta que sí tenemos ese poder pero es solo individual: el poder de ser quienes queramos.
Y luego crear una vida teniendo un hijo. Es más importante de los que uno cree tener un hijo. Es la vida formada por nosotros... Somos Dios en aquélla vida... Somos creadores.
Soy como un bebé aprendiendo a vivir la vida, en un constante cambio.
Uno tiene que ir descubriendo el mundo como desde un principio. No importa tanto realmente lo que otros hayan dicho que LA VIDA ES, sino nuestras propias experiencias.

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