jueves, 24 de diciembre de 2009


Navidad, momento de deseos, de renovar promesas, de intentar revivir nuestro niño interior. Les voy a contar una anégdota que mi antigua maestra de Catequesis del primario nos contaba: Para recibir al Niño Jesús hay que armarle una linda camita llena de plumas para que pueda reposar tranquilamente y gozar de júbilo nuestra navidad interna. Para lograr aquéllo, con cada acción buena que hacemos se le suma una plumita a la cama. Las acciones buenas no solo se tratan de tan solo ayudar a otro, de donar ropa y comida, de hacerle mimos a nuestros hijos con preciosos regalos. Se tratan de ayudarse también a sí mismos, de darnos un mimo; de permitirnos aceptar esa felicidad hermosa que la vida nos brinda; de poder encontrarnos en cada foto familiar, en cada canción que noz produzca cosquillitas en la panza, de aquéllos recuerdos que a pesar de los años aún nos hacen sonreír. Las acciones buenas se tratan de nosotros y de los otros. Del amor al prójimo y del amor propio. De aceptarnos a nosotros mismos y al prójimo. De amar la vida que tenemos. Como un buen refrán dice: "En la vida hay que bailar con la música que nos tocó."

Lu Franchi y María Cristina. "El Faro" 8va edición.

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