Ir al contenido principal



la nostalgia es para los aburridos.
Yo prefiero bailar con vos, a través del recuerdo del ahora.

Comentarios

  1. ...pues que aburrida soy entonces :(

    ResponderEliminar
  2. AME TU ENTRADA DE ANTERIOR.. DE
    AHORA QUIEN TIENE EL CONTROL :)


    :3

    ResponderEliminar
  3. ¡Me encanto la frasee!
    Muy buena semana para vos :)

    ResponderEliminar
  4. sisis si tengo. i.have.a.crush@hotmail.com

    ResponderEliminar
  5. te gustan varias cosas que a mi tmb... entre ellas notè que leiste el libro El niño pez... què te pareciòn? o sea, està entre tus libros favoritos por lo que veo pero para saber tù opiniòn:) viste la peli?
    yo al libro lo leì hace unos dìas, me gustò màs o menos. Es decir, la historia como historia me encantò, pero creo que faltaron ciertas cosas y que otras tal vez no me gustaban tanto. Entre las que faltaron me parece que al ser una historia de amor hay pocas imàgenes descriptas de ese amor compartido y me hubiesen gustado màs.o que en algunos momentos el perro se PASABA de ordinario...
    pero en sì, lo que es la historia me gustò mucho. por eso querìa saber la opiniòn de algfuien màs:P
    re colgado mi comentario xD
    un beso:)
    flor

    ResponderEliminar
  6. Me encantó la entrada, es cierto, la nostalgia es para los aburridos, y todos somos un poco aburridos en esta vida.
    Un beso.

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

We live in a rainbow of chaos

Entradas populares de este blog

Alejandra Pizarnik, ensayo

Ayer estuve en la radio "Industria Argentina" Hablando sobre Alejandra Pizarnik, lejos mi poetiza favorita. Les dejo a continuación el ensayo que escribí sobre ella.

Alejandra Pizarnik: Diarios
“Decir que me abandonaste sería muy injusto; pero que me abandonaron, y a veces me abandonaron terriblemente, es cierto”. Kafka

A través del recorrido por sus diarios que fueron publicados en el 2003, intentaré descubrir una faceta de la poeta, para poder entender mejor sus poemas y su modo de sufrir, que la persiguió durante toda su vida. Quiero invitar al lector, que a través de estas páginas, haga su propio descubrimiento. Claro que yo la estoy leyendo bajo mi punto de vista y mis circunstancias; cada uno desarrollará una propia versión de estos diarios. Podrán o no gustarles su trabajo pero para mí es imprescindible incluirla en estos esbozos de pensamientos puesto que Pizarnik fue una gran influencia para mí, y lo será siempre. Nunca morirá mientras la reviva, ya sea pensando en al…

Las dos caras de dos monedas

Tony, he de recordarte una sola cosa. Los trenes parten bien temprano por la mañana, desaparecen en una estela de vapor, tu boca los imitaba (tu, tum, tu, tu; tu, tum, tu, tu), yo te veía alejarte a la par, tus dedos maquinales, tus ojos rodantes, tus músculos de acero, eran como un gran monstruo asustado. Pero luego lostrenes regresan, nos llevan devuelta a casa. Tú nunca podrías ser un tren, porque nunca regresaste.
Mariquita, he de recordarte una cosa. Basaste tu personaje en el grandilocuente Dios, maestro de las flores y estudiante de la bondad. Dios rodea los centímetros de los tallos que crecen erguidos al sol, posa sus manoplas en la película transparente del océano para besar con sus labios salados la extensión total de la vida. Dios es el amor que depositan los carteros en los buzones, la sonrisa magistral con que recogen la correspondencia los diminutos seres, Dios controla el camino que une el sentido y la razón. Encontraste la forma de escabullir tu esqueleto en los int…

La primera vez que me hice señorita

Extracto de mi libro "Escrache"
Quizás en algunas familias se festeja cuando te viene por primera vez, se ponen contentos sin embargo yo no tengo muy gratos recuerdos, de hecho, odié el día en que mi cuerpo dejó de ser niña. Odiaba mis bustos en desarrollo, el acné en la cara, la panza a medio estirar y por supuesto, haberme desarrollado. Aquél día me sentía extraña en el colegio, con un terrible dolor de panza (Claro que aún no los identificaba como “ovarios”) y la frente me ardía de excitación. Seguí la jornada como de costumbre y al mediodía ya me encontraba en casa. Largué la mochila al piso y corrí al baño; al bajarme la bombacha lancé un grito ahogado y me quedé dura durante unos instantes. La sangre impregnada en la tela lucía opacada ante aquéllos vívidos pensamientos que se entrecruzaban. “¡Por Dios!” Solo pude decir. La abuela que pasaba por casualidad me miró asustada y enseguida entendió la escena. “Dame la bombacha que la pongo para lavar” Me dijo, y se fue con ella.

Concursos