martes, 6 de enero de 2009

Los lunes a la noche siempre me molestaron.

Es tarde pero no tal como dice el dicho "tarde pero seguro"- Esta lejana tardía es peligrosa, demasiado.. yo diría. Demasiado cuando uno está ya acostumbrado al silencio, a lo cotidiano que se despliega como avionetas a lo largo de un descampado cielo ceniza.
Y me asusta. Pausa. Sí, me asusta andar por estas calles donde la oscuridad trepa por las copas de los árboles.
Creí en su momento que este camino ya no tendría que transitarlo al menos por un buen rato pero la vida da vueltas y cuando menos lo esperás, te encontrás tumbado contra el suelo sosteniendo tu cabeza por miedo a perderla.
Me asusta ese tiempo muerto que queda entre dos personas cuando luego de desternillarse de la risa evocan una pausa que normalmente es breve pero puedo asegurar con firmeza que para mí duran años y años. Me quedo en silencio, ambos lo estamos, pero por dentro me recrimino: "¿Por qué no decís algo?, ¿Por qué no soltás esa gracia que te sale natural y oportuna?"
Sí, por qué no me hice callar, ahora me pregunto. Siempre tan punzante queriendo herir a las palabras que lógicamente, después siempre terminan tomándome por las puntas de los pelos manipulándome por completo.
Es fácil soltar frases al estilo de: "Ah, qué decís! La vida es corta, tenés que vivirla a pleno".- O peor aún.. "Uno tiene que aceptarse tal cual como es".
¡Como si tan fácil fuera! ¿no?
Pero no importa, ya me desvié del hilo central. Toda esta angustia encarnada desde lo más profundo de mi interior comenzó una noche, eran las 12 en punto para ser exactos.
Me encontraba sola y oportunamente perdida (mentira, no lo estaba pero sí deseaba estarlo. Quiero creer que dentro mío todo era oscuridad)
Recuerdo que los ojos se me hinchaban de tanto contener el llanto. ¿Que por qué lloraba? Eso sí no lo recuerdo, probablemente mi mente se ocupó de olvidar los motivos. Así siempre es más fácil, ¿Vieron?
Entonces entré en un cyber y me puse a escribir pura frases que no tenían sentido ni mucho menos conexión entre ellas. Me imaginé a mí misma en una posición incómoda; infringiendo las reglas, trasgrediendo los límites.Olvidándome quién era y hacia dónde iba. Bueno, intenté olvidarme de todo aquéllo pero mi pasado me persigue y es difícil hacerlo cuando aún quedan muchos puntos por resolver. Es todo tan difícil que incluso al avanzar un paso cuesta respirar.
Me detuve al escribir. Intenté escucharme. Intenté odiarme. Intenté explicarme pero de nuevo, solo salían letras. Letras como melodías que ensordecían mis pensamientos. Se filtraban por entre mi ropa y me desnudaban dejandome débil ante los ruidos externos de la cabina.
Podría jurar que todo dolía el doble; las voces de la gente, el ruido que provocan las teclas al presionarlas, las miradas.
Pero aún así, yo por dentro me encontraba anestesiada. Anestesiada por conveniencia, eso sí.
No recuerdo cómo fue que me recuperé de aquél trance, solo sé que al día siguiente me sentí mejor.
Cosas que suceden, ¿no?

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