Ir al contenido principal

Al compás de la música

El concierto al aire libre de un pianista que bajo la luz de las estrellas se lucía espléndidamente. Gozaba de la melodía, sentía sus cabellos mecerse a la par de las ramas más frágiles de los árboles. Sus ojos permanecían herméticamente cerrados, apuntando hacia el rincón de las butacas que vacías hacían del lugar, uno más sombrío, vacío.
Pero él continuaba tocando y tocando, maravillado ante la vida, ante la idea de componer una música tan verosímil y perfecta que emparejaba la amargura de la vida y la hacía más hermosa. Una melodía que sanaba corazones rotos y limpiaba los ojos enjuagados en lágrimas cristalinas.
Bajo la luz de las estrellas, todos los detalles ocultos cobraban vida.
Bajo la luz de las estrellas, todas las plantas cobraban vida y danzaban junto al compás de la música.
Los niños se escapaban de sus casas para venir a escuchar cómo el Señor Pianista, les hacía latir rápido y fuerte el corazón.
Las niñas se escondían detrás de los arbustos y los niños tras los árboles. Sus sonrisas brillaban a través de la oscuridad como linternas resplandecientes y aún llenas de vida.
Pero el pianista solo tocaba, no se había percatado de que no estaba solo. La gente lo escuchaba desde sus casas: apagaban los televisores y las radios, y se sentaban en la ventana con la vista fija en el teatro descampado de donde provenía la música.
Los más viejitos incluso sacaban las sillas y se sentaban en las veredas; entre saludos cordiales y buenas caras, compartían una velada bajo la encantadora melodía del pianista.
Él nunca supo que la gente lo escuchaba, que estaba ahí a pesar de la distancia. Él siempre tocaba todas las noches a pesar de ver las butacas vacías y que ya acumulaban montones de polvo. Tocaba por amor al arte, a la música, a la simplicidad del vivir el día a día.
Él continuó tocando hasta que un día, el 24 de mayo, sus ojos se cerraron definitivamente. Todo el pueblo nunca más volvió a salir a las calles, y se reservaban las palabras para otras ocasiones. Sin embargo siempre en sus oídos quedará esa música imposible de olvidar, imposible de imaginar.
Una música que desvela, que enamora y apasiona. Su música.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Alejandra Pizarnik, ensayo

Ayer estuve en la radio "Industria Argentina" Hablando sobre Alejandra Pizarnik, lejos mi poetiza favorita. Les dejo a continuación el ensayo que escribí sobre ella.

Alejandra Pizarnik: Diarios
“Decir que me abandonaste sería muy injusto; pero que me abandonaron, y a veces me abandonaron terriblemente, es cierto”. Kafka

A través del recorrido por sus diarios que fueron publicados en el 2003, intentaré descubrir una faceta de la poeta, para poder entender mejor sus poemas y su modo de sufrir, que la persiguió durante toda su vida. Quiero invitar al lector, que a través de estas páginas, haga su propio descubrimiento. Claro que yo la estoy leyendo bajo mi punto de vista y mis circunstancias; cada uno desarrollará una propia versión de estos diarios. Podrán o no gustarles su trabajo pero para mí es imprescindible incluirla en estos esbozos de pensamientos puesto que Pizarnik fue una gran influencia para mí, y lo será siempre. Nunca morirá mientras la reviva, ya sea pensando en al…

Las dos caras de dos monedas

Tony, he de recordarte una sola cosa. Los trenes parten bien temprano por la mañana, desaparecen en una estela de vapor, tu boca los imitaba (tu, tum, tu, tu; tu, tum, tu, tu), yo te veía alejarte a la par, tus dedos maquinales, tus ojos rodantes, tus músculos de acero, eran como un gran monstruo asustado. Pero luego lostrenes regresan, nos llevan devuelta a casa. Tú nunca podrías ser un tren, porque nunca regresaste.
Mariquita, he de recordarte una cosa. Basaste tu personaje en el grandilocuente Dios, maestro de las flores y estudiante de la bondad. Dios rodea los centímetros de los tallos que crecen erguidos al sol, posa sus manoplas en la película transparente del océano para besar con sus labios salados la extensión total de la vida. Dios es el amor que depositan los carteros en los buzones, la sonrisa magistral con que recogen la correspondencia los diminutos seres, Dios controla el camino que une el sentido y la razón. Encontraste la forma de escabullir tu esqueleto en los int…

Piensa

Cuando me levanté de la mesa miré ligeramente hacia atrás; no por mucho tiempo, sólo un vistazo. Y luego miré a mi alrededor. ¿Quiénes de todas estas personas se sentarán en la mesa que acabo de dejar? ¿Cuál es su historia? ¿Por qué están acá? ¿Pasarán un buen rato o quizá se reúnan por una despedida? Ciertamente yo no la pasé muy bien. Esperé más de lo que podía darme. A fin de cuentas es un lugar. Los lugares no significan nada. Una mesa, una silla, una cerveza. El símbolo es la persona. Con quiénes estás, por qué están juntos, qué son las cosas que se dicen. Y yo recuerdo haberla imaginado conmigo.

Concursos