sábado, 19 de enero de 2008

En la esquina de la monotonía.

Mi piel se vuelve fría, mi voz ronca mientras escucho por la radio la noticia estremecedora de mi muerte. Sonaban las sirenas, rondando mi edificio, haciéndolo más sombrío de lo habitual. Me paro delatada por mi inquisidora e interrogante mirada. Camino hacia la ventana y me asomo por entre las cortinas, y ahí están ellos...llorando mi cadáver en falso, luciendo en sus rostros crueles mentiras aquéllas que fueron guardadas sobre silencios hace mucho tiempo atrás.
Entonces, me reconozco desvanecida en una caja de madera, cargando flores identificadas como calas. Mi más costoso error, supongo. Mi más intenso amor. Mi más aventurada conversación. Y nuevamente fue un error haberle pedido que se quedase aquélla noche, que me abrazara una vez más. Quería ver en sus ojos lamer mi compasión, delirar con un dejo de ternura que me deseaba, aún perdido en los recuerdos.
Pero aquéllo nunca existió, él no llegó por un estancamiento en su monótono trabajo o tal vez, fue demasiado tarde. La bala corrió junto al alcohol que quemaba mi garganta haciéndola débil e impura.
Los ecos y las voces se entrelazaban en mis oídos hasta que el sonido desapareció, crudo error. Alivió a mi corazón el hecho de que jamás te volvería a ver y no confundiría a esta traición con un amor cálido y verdadero.
Despierto mareada, no sé qué hora es exactamente pero afuera voces se alzan interrumpiendo mi inocente paseo habitual por la cocina.
Tomo una manzana pero la dejo caer con cierta debilidad. ¡Qué raro! Hoy me siento distinta, como si estuviera muerta...

1 comentario:

princesa de lagrimas dijo...

Hola nena, wow me encanto eso ke eskribiste, komo si stubiera muerta. Cuidate mucho
xoxo