sábado, 23 de diciembre de 2017

Soy una luna encarcelada





¿Cómo te llegó la fama a vos? Y yo sigo tirada en la inmundicia, sabiéndome alejada de todo lo que soñé de pequeña; poniéndome triste porque ayer un idiota en la peluquería no registró mi presencia hasta que puse un tema de música que llamó su atención. Fue recién ahí que me miró a los ojos de verdad, entornándolos como si estuviese preguntándose de dónde había salido. Más tarde me consolé pensando que parecía un tipo superficial pero no es él quien realmente me puso triste.  Es el sentimiento de sentirme todo el tiempo desencajada, como si el mundo entero hablara una lengua que yo no puedo lograr decodificar. Pienso: actuá normal, no la cagues, no digas esos chistes que sólo en tu mente suenan graciosos pero luego llega el momento y no lo puedo evitar. Es como si aquella que quiere reafirmar mi identidad de la que está en exceso orgullosa saliera a defenderme, como si lo necesitase, como si ya no luciera lo suficientemente idiota. Quiero decir lo que pienso, al fin y al cabo todo aquello que pienso es quien verdaderamente soy pero cuando lo hago es como si todo mi ser se desintegrara y volviera a reagruparse en un personaje totalmente distinto. Ya no soy Lucía-ser-humano, ahora paso a ser un alien. Y a nadie le gustan los aliens.  Y ya dejo de poder comunicarme con los otros. Mi corazón se va encogiendo, mi garganta se cierra, mis ojos se cristalizan. Todo mi entero ser pide a gritos que me aleje. No sé si es que no puedo comunicarme con ciertas personas o es que pasé tanto tiempo en soledad que ya perdí esa gracia humana.

jueves, 7 de diciembre de 2017




Si supiera llorar lo estaría haciendo en este mismo momento porque de verdad siento una tristeza que no cabe en mí. Pero no, lo único que desprendo de mi cuerpo inerte son palabras infinitamente rotas. Pienso que quizá si las expulso podré volver a ser algo completo. Querida, la herencia es tan pesada, tan violenta, que a veces creo que no podré escapar de ella. Mas esta violencia no procede de mis antepasados, viene de mí, de este mismo envase vacío que alguna vez se supo muerto. Bastaba un simple acto para materializar la muerte, y hasta en ello fallé. Hoy pienso que no me hubiese gustado fallar. Es que no soporto tener que volver a cargar con la angustia, y ahora estoy muy cansada como para simplificarla y despreocuparme. Sé que la vida también es felicidad, pero nadie entiende que toda la felicidad del mundo no se compara con el dolor de una simple angustia. Una sola te aniquila. En cambio nadie ha muerto hasta ahora de felicidad.
Es un circuito vicioso, una vez que te has puesto triste es difícil salir de él, porque un momento o recuerdo triste fácilmente sucede al otro y así hasta que ya no recordás por qué estabas triste en principio. Esta sea quizás la definición más apropiada para la depresión. Y lo que la gente tampoco entiende es que salir de ella no es un tema de fortaleza mental. Es algo que va más allá. Tampoco nada tiene que ver con ser inteligente. Estar deprimido no significa ser débil. Al contrario, hay que hacer un gran esfuerzo para no morir. Y esa fuerza que puja desde tu interior es la fortaleza más bella e íntegra que he visto en la vida. Es como un instinto ancestral, como las raíces de un árbol expandiéndose debajo de la tierra en búsqueda del agua. Metafóricamente hablando tu mente está dividida en raíces y cada una de ellas se arrastra hacia la luz, esperando poder absorber un día más de vida. Pero tu alimento no es el oxígeno o el agua, sino motivos insignificantes y pequeños, como poder escuchar esa canción de vuelta, o llegar a ver a tu banda favorita. Y es terriblemente difícil conseguirlo cuando de noche oscurece y sentís cómo el frío va rodeándote, y el vacío va chupando tu salvia. Te vas secando hasta desaparecer.

martes, 5 de diciembre de 2017

Escrito del 25/09/2011

A veces pareciera que solo me actualizo en mis desgracias. Para ver cómo estoy.
Es la necesidad inequívoca de expresarme a través de las palabras, para ver de dónde vengo, qué me está pasando.
Necesito decirme que al fallarme le estoy fallando a otras personas. Lo siento. No todos los días puedo levantarme y ser yo misma, y vivir la clase de vida que quisiera vivir.
A veces, algo en mí irrumpe como una repentina tormenta y me deja parada en medio de la calle, desprotegida. Y pienso: ¡Cuánta gente hay que no lo entiende! Incluso mi mismo círculo.
No justifica el hecho de que me ausente, el hecho de quitarme un día más de vida... ¡Nada lo justifica! Pero tampoco justifican tus palabras. Cada día que te observo con más detenimiento, más me doy cuenta de cómo sos. Y me irrita; pero al mismo tiempo me alegra saber que yo no soy como vos y que nunca lo seré.
¿Te acordás todas aquéllas veces que nos comparabas? Que decías que éramos tan parecidas; que en nosotras el cambio era natural e incluso próspero y obligatorio. El cambio sano. Bueno, debo admitir que yo sí sé hacia dónde debo ir en este camino, dónde está mi meta... pero vos... sos una huella perdida. Y tu pensamiento de superioridad no te hace más superior, tus palabras te vuelven más inferior (si es que en realidad existen esas llamadas clases superiores e inferiores como vos decís).
Ya partiendo de aquél pensamiento me da una idea de lo que sos. Esperen un momento. ¿Por qué estoy sentada acá en la computadora escribiendo sobre vos?

domingo, 26 de noviembre de 2017

Naturae






Si me preguntaran por qué pienso que me pasaron las cosas que me pasaron no sabría decirlo. Sé que a la gente le gusta buscar significados ocultos, como si un hecho tuviera un significado mayor. Yo sólo sé que las cosas son, y en sus respectivos tiempos verbales: fueron, son y serán. Así como la gente muchas veces actúa sin meditar, o lastima porque es una persona dañina. Entender que no te hace daño porque particularmente quiere hacerlo, sino porque probablemente lo haga con todos. Si me dieran a elegir preferiría no toparme con esta gente, no me importa eso de que "aprender de la experiencia te hace más fuerte". No necesito ser más fuerte, necesito no tener estas situaciones.
También es mentira eso de que el mal vuelve, o que si haces el bien sólo recibirás el bien. Sabemos que la vida no es así. 
Lo que sí sé es cómo quiero ser yo ante cualquier persona o situación. No tengo intención de hacer ningún daño (y si lo he hecho es porque no estaba bien conmigo misma y eso repercutía a mi alrededor. Lamentablemente son muchos los ejemplos que puedo dar). Creo que una de las lecciones más valiosas que he aprendido hasta ahora es que si vos estás bien con vos mismo tratarás a tu entorno del mismo modo. Yo ahora me siento en paz, y la naturaleza me ayuda a preservar esto. Cuando siento que la gente me va arrastrando en un círculo de absurda competencia, envidia y rencor basta con pasar un rato con las plantas o con mis perras para volver a centrarme. La naturaleza no tiene un significado per se oculto o divino. Todo lo que es y todo lo que tiene está expuesto ante nuestros ojos. No oculta motivos malignos como el ser humano. Si hace daño es porque este daño es necesario en su ecosistema o porque mismo el humano está perturbando su ciclo. No crea huracanes con el fin de destruirnos (aunque como consecuencia es posible que vidas humanas mueran); tampoco tiene la capacidad de elegir entre el bien y el mal como nosotros. Pero aún así, siempre, aunque no podamos entenderlo, elige el bien. Y tampoco individualiza. No discrimina, no existen todo eso de la "raza" (esta palabra, de todas formas, es muy estúpida. La única raza que existe es la humana), la orientación sexual, la religión, el trabajo, las clases económicas o sociales, etc. Significamos igualdad. Para ella somos un todo. Eso quiere decir que no importa si en el proceso vos o pepito mueren.  
Sí, a veces puede parecer cruel pero es lo que es, no engaña con las apariencias ni juega con nuestros sentimientos. Y es por todo esto que quizá sea la única cosa que se lleva mis máximos respetos. No profeso religión alguna pero si tuviera que elegir, sería Ella mi diosa.




martes, 7 de noviembre de 2017


Hoy me siento menos que menos. Si es que existe un término inferior a menos. No es sólo mi cuerpo, es mi mente y está mal. Es mi pobre modo de relacionarme. Y la gente que sólo está en mi cabeza. Son las respuestas que nunca llegan, enviar solicitudes que no aplican. El seguir intentando me está cansando. No es que intente mucho, lo admito, pero cuando lo hago me va mal. Y pensar que algunas personas lo logran en la primera ronda. Eso me deprime más que demasiado. Si es que existe un término superior a demasiado. Ni siquiera estoy cansada al punto de tirarme en la cama y dormir hasta olvidarme por qué me sentía mal. Parece que cuanto más pienso más desvelada estoy. Maldita seas, Morfeo, te estoy esperando. Que al menos venga tu padre Hipnos y me lleve consigo. Por un rato o para siempre. Me da lo mismo mientras ahora sea después o nunca.