lunes, 19 de febrero de 2018

Supie



Bajó el sol, y ya no se percibe el tinte rosado y violáceo que había en el cielo; ahora prevalece el gris. A la mañana llovió tórridamente como si las nubes necesitaran descargar su furia sobre nosotros. Está bien, puedes hacerlo cuando lo sientas necesario. Ojalá hubiese estado yo en la calle y me habría empapado con su sabiduría. Pero aquí estaba, transcribiendo el libro visual de los diarios de Thoreau. Y mientras aquí veía naturaleza, una ajena, preservada en la historia, se me iba otra parte de ella. El pajarito se fue. Paradójicamente aquí estaba disfrutando y nutriéndome de imágenes..., que no pude decirle un último adiós a Supie. Le puse Supertramp, merecidamente se ganó el apodo porque él es un superviviente. Él ahora anda conquistando los cielos, y yo ya no puedo alcanzarlo. Me superó. ¿Cómo puede algo tan pequeño y frágil ser mejor que el ser humano? Supie es la prueba. Puede llegar y habitar partes que nosotros no, más que con alas metálicas. De repente escuché un aleteo y se me detuvo el corazón. Desde la computadora supe que Supie se había ido. Salí al balcón y ya no estaba. Llevo este cuerpo cargado de tristeza del que no puedo desprenderme. Me durará algunos días, lo sé; luego se irá junto al pichón. Y nadie puede entender lo que estoy sintiendo porque esta sensibilidad que he desarrollado hacia la naturaleza no la puedo expresar hacia ningún ser humano, a excepción de Madre y Hermana. Hace un rato he llorado; mis llantos pueden contarse con los dedos de las manos, no suelo hacerlo. Al principio temí por Supie porque pensaba que sólo podía planear con las alas hacia abajo, y el abajo es malo para él. Pero pasó algo increíble. Más a la tarde lo vi acostado en el suelo, debajo del balcón. No pude evitar sonreír y bajé a buscarlo, sabiendo de antemano que ya no podría traerlo de regreso, Supie había probado su libertad y nadie se la volvería a arrebatar. Me acerqué sigilosamente y entonces el pájaro voló hacia arriba hasta posarse en los cables de la calle. Sonreí, esta vez, de manera que el corazón volvió a detenerse pero no de tristeza, sino de emoción. Supie demostró que podía volar, y eso significaba que ya no estaría en peligro. Anoche vi un gato pasear por la calle que da a mi departamento y temí que si el pichón no volaba sería presa fácil. Estuvo un rato más en el cableado. En un momento se acercó una torcaza e intentó picotearlo. Probablemente preguntándole si era nuevo en el vecindario. Se habrá reído de su tamaño. Debes pagar derecho de piso, le diría y luego se fue. Más tarde apareció un benteveo que hizo mover el cable y Supie casi se cayó. Tiene una pata de la cual aún no se agarra bien. Desde donde estaba vi la acción transcurrir con otra amplia sonrisa. Supie tiene muchas cosas que aprender pero sé que lo hará bien porque, al fin y al cabo, es Supertramp.  Ahora ya no sé dónde andará porque se fue de allí. Pero es como si la naturaleza o el pichón me hubieran permitido que lo viera una última vez para que entendiera que él estaba bien, que podía volar y sobreviviría. Casi doce días estuvo conmigo. Cuando lo recogí no podía comer solo, mucho menos volar. Ahora se ha ganado el apodo de Supertramp, y aunque existan visualmente miles de pájaros más bonitos, él sigue siendo el más hermoso porque al haber caído tempranamente del nido luchó por su libertad, luchó para vivir. Señores y señoras, esta es la Naturaleza que me emociona y me hace llorar; es tan grande, tan vasta, tan inexplicable de momentos…, que el humano se vuelve pequeño e insustancial pero se engrandece al vivir su vida a través de ella.

lunes, 12 de febrero de 2018

Fin de semana largo, días de contemplación interna y externa; estímulos que ayudan a pensar y pensamientos que se convierten en estímulos.
Leyendo los diarios de Henry D. Thoreau de 1840, siento como si mis brazos se hundieran en la tierra fértil que es su mente y me condujeran a través de aquellos bosques. Busco la flora y la fauna que él mismo anotaba y me llena de dicha.
Algunas de ellas son:

Hypericum

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Pycnanthemum Incanum (mental de la montaña)



Lespedeza violacea 

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Azulejos (ave)

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Imagen relacionada

Rana toro

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domingo, 28 de enero de 2018

Fui pájaro


Londres
París
Bruselas

Amsterdam


Fui pájaro y fui buitre. Qué nobleza. Qué entereza. Qué agilidad. Ojalá aún pudiera conservar las alas, y escapar cuando las cosas se ponen feas.
Fui rareza. Y a veces evité algunas miradas. Pero también me sorprendí a mí misma enamorándome de algunos rostros,
                              algunos ojos,
                                                   algunas vestimentas,
                                                                                     algunas arquitecturas,
                                                                                                                        algunas historias antiquísimas que no he podido yo presenciar.
Me enamoré de lo ajeno pero fui fértil en aquella sociedad secreta de lenguas extrañas e imposibles de digerir. No entendía lo que decían, mas era tan bello que el lenguaje ya no dolía.
Y escuchaba un canto detrás de alguna oración, que no cabía en mí tanta felicidad. Quizá me estuvieran preguntando qué deseaba desayunar pero yo sólo escuchaba una voz y una melodía detrás, y sonreía como si me declararan su amor eterno. Sí, acepto, respondía en una castellano intraducible y ellos también sonreían.
Y ahora pienso que quisiera volver a perderme en ciudades ancestrales, con idiomas intraducibles, y podría ser tan fácil sin la necesidad de comunicarme porque el cuerpo habla, y danza cuando el corazón es alma, y el alma es corazón. Quisiera llenarme de alma este corazón, recuerdo haber pensado.
Me hallé cómoda leyendo mapas y calles, caminando por ellas como si hubiese nacido allí mismo. Sentí que mi cápsula de identidad pertenecía a algún sentido superior. Quizá sea sólo un viajero, y quizá yo pertenezca a lo desconocido, a lo impronunciable, a lo intraducible, en fin a todo ello. Sacrificaría el resto de los meses para poder vivir un sólo mes de aquel modo.

sábado, 27 de enero de 2018

Mi viaje al viejo mundo. Bélgica


























Foto: Camino a Bruselas, Bélgica.


Observé desde la ventanilla del tren un paisaje inhóspito otoñal, y lo que al principio se me antojó una cárcel logró convertirse en el significado verdadero de la libertad. Deseé bajarme y correr entre los árboles desnudos y la naturaleza, como un lobo salvaje; deseé perderme en el paisaje hasta olvidar mi humanización, hasta aprenderme el nombre de las constelaciones y memorizar su fecha de defunción; así sabré yo cuándo me toca nacer. Mi identidad dantesca poco me sirvió de ayuda pero al menos pude sentir el aire viciado del rocío a primera hora, cuando el sol se pone y deja de esconderse, cuando las raíces de los árboles tocan el fondo de la Tierra y vuelven a emerger para transmitirnos sus conocimientos. Oh, algo aprendí pero no deberé ser yo quien les cuente aquellas historias; mas sí puedo decirles lo que significa ser SALVAJE... nunca me sentí más culta y más cuerda embadurnada de salvia y veneno ancestral, nunca fui tan feliz siendo tan poco ser humano.

sábado, 23 de diciembre de 2017

Soy una luna encarcelada





¿Cómo te llegó la fama a vos? Y yo sigo tirada en la inmundicia, sabiéndome alejada de todo lo que soñé de pequeña; poniéndome triste porque ayer un idiota en la peluquería no registró mi presencia hasta que puse un tema de música que llamó su atención. Fue recién ahí que me miró a los ojos de verdad, entornándolos como si estuviese preguntándose de dónde había salido. Más tarde me consolé pensando que parecía un tipo superficial pero no es él quien realmente me puso triste.  Es el sentimiento de sentirme todo el tiempo desencajada, como si el mundo entero hablara una lengua que yo no puedo lograr decodificar. Pienso: actuá normal, no la cagues, no digas esos chistes que sólo en tu mente suenan graciosos pero luego llega el momento y no lo puedo evitar. Es como si aquella que quiere reafirmar mi identidad de la que está en exceso orgullosa saliera a defenderme, como si lo necesitase, como si ya no luciera lo suficientemente idiota. Quiero decir lo que pienso, al fin y al cabo todo aquello que pienso es quien verdaderamente soy pero cuando lo hago es como si todo mi ser se desintegrara y volviera a reagruparse en un personaje totalmente distinto. Ya no soy Lucía-ser-humano, ahora paso a ser un alien. Y a nadie le gustan los aliens.  Y ya dejo de poder comunicarme con los otros. Mi corazón se va encogiendo, mi garganta se cierra, mis ojos se cristalizan. Todo mi entero ser pide a gritos que me aleje. No sé si es que no puedo comunicarme con ciertas personas o es que pasé tanto tiempo en soledad que ya perdí esa gracia humana.