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Las dos caras de dos monedas

Tony, he de recordarte una sola cosa. Los trenes parten bien temprano por la mañana, desaparecen en una estela de vapor, tu boca los imitaba (tu, tum, tu, tu; tu, tum, tu, tu), yo te veía alejarte a la par, tus dedos maquinales, tus ojos rodantes, tus músculos de acero, eran como un gran monstruo asustado. Pero luego lostrenes regresan, nos llevan devuelta a casa. Tú nunca podrías ser un tren, porque nunca regresaste.
Mariquita, he de recordarte una cosa. Basaste tu personaje en el grandilocuente Dios, maestro de las flores y estudiante de la bondad. Dios rodea los centímetros de los tallos que crecen erguidos al sol, posa sus manoplas en la película transparente del océano para besar con sus labios salados la extensión total de la vida. Dios es el amor que depositan los carteros en los buzones, la sonrisa magistral con que recogen la correspondencia los diminutos seres, Dios controla el camino que une el sentido y la razón. Encontraste la forma de escabullir tu esqueleto en los int…
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¿Qué quieres que te cuente, Tony?

Esto somos nosotros, tememos perdernos y encontrarnos cuando nuestros cuerpos estén arrugados y ya no queramos amar, tememos que la verdad no nos santifique, y que las noches beban el néctar de nuestros sueños, vaciándolos por completo. Esto somos nosotros, dos amantes a destiempo que se buscaron cuando no estaban perdidos, y se encontraron cuando otros brazos suplían el silencio. ¿Crees que siempre seremos esto?, ¿qué me dices, Tony, todavía estamos a tiempo? He encontrado a alguien mejor que tú, un hombre que me recita el abecedario cuando no me apetece hablar, un hombre que no se asusta por los fantasmas hambrientos. Tú apenas habías leído cuentos infantiles, que nada tenían que ver conmigo, pero te idealicé para que supieras ser mejor que mi imaginación. ¿Te acuerdas cuando soñamos con trinunfar en aquel concurso literario? Prometimos que lo haríamos juntos, yo tenía una historia en mente, tú dijiste que la escribirías pronto. Pero más pronta fue la ruptura. ¿Alguna vez te dije que …

Otra vez tú

Pero todos estamos incompletos, solos y un poco rotos. Todos sabemos menos de lo que pensamos. Todos tenemos ínfimas capacidades en comparación al futuro. Por eso, a veces es mejor no presumir, callarse, cerrar la garganta. Tony, he estado intentando encontrar la forma de decírtelo, te leí muchas veces esperando que se me ocurriera algo inteligente que agregar. Porque quiero que lo sepas, porque ya no me importa que lo sepas. Porque tú ahora estás molesto, te han herido, pero recuerda que también nos herimos mucho en el pasado y no fuiste capaz de disculparte. No. No fuiste capaz de reconocer tu incapacidad. Yo lo hice, a mi manera, toscamente con los pensamientos enroscados al cuello. Te solté mis palabras y dejé que hicieras lo que quisieras con la confesión pero tú no, tú te fuiste, pensando que la huida equivalía a una respuesta. ¿Sabes cuánto tiempo permanecí en estado de latencia, como una semilla esperando encontrar el momento idóneo para germinar? Te esperé porque imaginé tu …

El hombre de la acera de enfrente

Estoy cansada de ensuciarme las manos, de tener que correr al lavatorio creyendo que así me volveré pura. Estoy cansada de embarrarme y de que nadie pueda verlo, quisiera que alguien que me coja entre sus manos y me diga: está bien, te acepto así como eres. Hay días que sólo puedo sentarme a esperar a que llueva pero luego pienso en el pobre hombre que se sienta aquí debajo, con su teléfono, y se me pasan las ganas. Puede que yo esté segura y tenga un techo pero no todos las personas pueden reposar en el mismo momento, a veces cuando uno descansa el otro recién comienza su maratón. Me gustaría que se desatara la peor tormenta de la historia, como antaño en el arca de Noé, y que el pobre hombre viniera a mi casa, a verme ensuciarme las manos mientras nos protegemos del apocalipsis. Estoy cansada de mirar el reloj y que sean siempre las seis de la tarde, hora propicia para desatar a las bestias depresivas en mi cabeza. Quisiera que sean las once, hora propicia para irse a dormir, que l…

What a wicked game to play, to make me feel this way

El mundo estaba en llamas y un veintisiete de junio, hace ya muchos años, fui feliz. ¿Qué si volviera corriendo hacia mis brazos?, ¿podría dejarme atrapar por su calor nuevamente? Que me mire con aquellos ojos, que realmente me vea, como el otro no puede hacerlo. Se llamaba Tony, no era realmente su nombre pero yo le decía así, era mi Tony. A veces le decía Freddie, y él no entendía por qué, nunca pude explicárselo porque se fue antes de tiempo. Me obligó a entregarle mi vida para luego huir antes de sentirme segura. Lo único que quedó de mí es la inseguridad que se siente cuando amamos, la prueba de que cuanto más genuino es nuestro amor más vamos a sufrir. Nunca pude contarle la verdad de aquel día porque nunca llegué a saberla, sólo me disculpé por mi debilidad y dejé que se fuera. Me hubiera odiado más a mí misma si lo obligaba a quedarse. Pero le hubiese tenido que mostrar mi miedo, y dejarme abrazar hasta que se me fuera la angustia. ¿Cómo hacen lostrenes, Tony?, ¿puedes mostr…

No puedo encontrar mis sentimientos

Hoy más que nada,
yo más que nadie,
te estoy necesitando.
¿Alguna vez te has puesto a pensar en lo injusto de la situación? Ojalá nunca nos hubiésemos conocido así no estaría sintiendo esta presión en el pecho, un favor brindado pero no pedido es más delicioso. Te daría mi eternidad para que pudieras comprenderme, te daría las muertes que todavía no he vivido para que pudieras comprenderlo. Pero la comprensión no es un punto de inflexión. No vas a ceder, y yo voy a continuar siendo la misma, viviendo en esta cáscara de mujer adulta.
El otro día me ibas a pedir mi número de teléfono pero te diste cuenta que no podías. No sabes qué tristeza fue conocerte. Si las coincidencias existen, si el universo pulula a nuestro alrededor intentando transmitir alguna especie de señal, no les tenemos por qué creer,
que no nos escuchen,
que nos vaciemos antes de entregarlo todo,
que nos rindamos antes y después de amar puesto que nos ha hecho desdichados,
que la noche peregrine sobre tus cabellos y be…
El tema con los rechazos y los fracasos es que sí, te pueden volver más fuerte pero demasiado de ellos te terminan por derribar.
Me abrumo. Cuanto más conozco más quiero conocer, y uno nunca termina de conocer nada.

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